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sábado, agosto 13, 2022
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Daniel Ortega acelera la implantación del régimen de partido único en Nicaragua

Las banderas rojinegras ondean desde el lunes 4 de julio en las cinco alcaldías que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo se tomó manu militari en localidades históricamente opositoras de Nicaragua. Las nuevas autoridades impuestas por el Gobierno central asaltaron las oficinas después de consumarse una especie de golpe de Estado a nivel local.

Los alcaldes depuestos entregaron el poder mansamente para evitar ser apresados y el panorama que se cierne, a cuatro meses de unas elecciones municipales sin garantías, es que el sandinismo se encaje en casi el 100% de las sillas municipales del país. La pareja presidencial consolida de esta forma la implantación de un régimen de partido único.

Esa interpretación ha dado lugar en las últimas semanas a las comparaciones. “Un régimen de partido único como el de Cuba y Corea del Norte”, coinciden opositores y analistas políticos desde Costa Rica, epicentro del exilio nicaragüense, y donde los expulsados por los Ortega-Murillo intentan hacer contrapeso a un régimen cada día más feroz e intolerante con el disenso.

Las cinco alcaldías opositoras gobernadas por el ilegalizado Partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) eran el último reducto institucional que la oposición ostentaba en Nicaragua. De los 153 municipios que existen en el país centroamericano, solo 18 habían sido ganados por la oposición en las últimas elecciones. De esas, cinco eran las de CxL; el resto, el gobierno se las había asignado en anteriores maniobras electorales sospechas de fraude a los denominados “partidos zancudos”, es decir, agrupaciones comparsas del oficialismo.

“Lo que ha sucedido con las alcaldías es particularmente importante porque confirma que los Ortega-Murillo están migrando del partido hegemónico al régimen de partido único”, explica a EL PAÍS el exdiputado opositor Eliseo Núñez. “Aunque después de las elecciones queden otros partidos políticos”, dice en referencia a los “zancudos”, “si el Frente Sandinista toma el poder en todas las alcaldías estaría actuando ya como régimen de partido único. Además, esos partidos que el Gobierno deja sobrevivir no están interesados en hacer una oposición real, y si en algún momento tienen la peregrina idea de hacerla, los van a eliminar”.

Lo que describe Núñez ya ha ocurrido con políticos comparsas en las elecciones generales de 2021, cuando Ortega y Murillo se perpetuaron en el poder sin competencia tras ilegalizar partidos opositores y arrestar a todos los precandidatos presidenciales. Hay ejemplos: el reverendo Guillermo Osorno era candidato presidencial del partido Camino Cristiano. Denunció “irregularidades en el proceso” y fue castigado por el Poder Electoral, se le despojó de su escaño en el Parlamento. A última hora, el Partido Conservador se negó a participar en los comicios y su personería jurídica fue anulada.

“La otra parte de la instauración de un régimen de partido único tiene que ver con el cierre masivo de ONG”, apunta también Núñez. A la fecha, el Gobierno ha guillotinado a 958 organizaciones gubernamentales. Desde instituciones que trabajan temas de gobernabilidad, fortalecimiento de medios de comunicación, hasta asociaciones médicas, científicas, caritativas, ambientalistas, feministas…, o incluso la Academia Nicaragüense de la Lengua, el Festival de Poesía de Granada o la Congregación de las Hermanas de la Caridad fundada por la Madre Teresa de Calcuta, un grupo de monjas que fueron expulsadas hace una semana por el Gobierno.

FUENTE: ELPAIS

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