Arquitectos y especialistas plantean recuperar el centro histórico de Santa Cruz como un espacio vivo y conectado con la modernidad

Una diálogo al vivo de los arquitectos 

Álvaro Mier 

Virgilio Suárez 

Marina Bonino 

Anita Gutiérrez 

El Consejo Interinstitucional del Centro Histórico (CICH) propone dejar atrás la visión del centro como un “museo” y plantea una recuperación integral que combine patrimonio, vivienda, actividad económica, cultura, seguridad y nuevos usos urbanos.

El deterioro y despoblamiento del centro histórico de Santa Cruz de la Sierra volvió a ocupar el debate ciudadano con una propuesta que busca cambiar la manera de entender y recuperar este sector de la ciudad: preservar su patrimonio, pero al mismo tiempo devolverle vida, actividad económica y población.

El planteamiento surge del Consejo Interinstitucional del Centro Histórico (CICH), un espacio ciudadano que reúne a arquitectos, urbanistas, profesionales de distintas disciplinas y actores vinculados a la cultura y al patrimonio, y que plantea articular acciones con el Gobierno Municipal y la Gobernación.

El manifiesto presentado por el CICH sostiene que el centro histórico no debe ser considerado un vestigio del pasado, sino parte de la identidad actual y futura de Santa Cruz. Sus galerías, calles, patios y espacios de escala humana son considerados elementos esenciales de una forma de habitar que debe ser recuperada.

“No queremos un museo”

Durante la presentación, uno de los principales conceptos planteados fue evitar que el centro histórico termine convertido en una zona exclusivamente patrimonial, donde los edificios sean conservados como piezas de exhibición pero pierdan su función urbana.

La propuesta apunta a un centro con vida durante todo el día y la noche, donde puedan convivir vivienda, comercio tradicional, gastronomía, cultura, servicios y nuevas actividades.

El manifiesto plantea precisamente recuperar la diversidad de usos y evitar el abandono nocturno, además de fortalecer el espacio público, las galerías, la iluminación, la accesibilidad y la protección del paisaje urbano tradicional.

La idea central es que patrimonio y modernidad no son conceptos enfrentados.

“Una ciudad moderna no se mide por tener edificios de vidrio o edificios altos”, fue uno de los criterios expuestos durante la discusión. La modernidad también debería medirse por la seguridad, la caminabilidad, la calidad del transporte público, los espacios verdes y la posibilidad de que las personas puedan encontrarse y convivir en el espacio público.

La caminabilidad como eje de recuperación

Los especialistas consideran que recuperar la capacidad de caminar por el centro puede convertirse en uno de los principales motores de revitalización.

Caminar permite descubrir fachadas, galerías, comercios, patios, plazas y espacios culturales, pero también genera contacto entre las personas.

En ese sentido, la caminabilidad no sería solamente una política de movilidad, sino también una herramienta de recuperación cultural y social.

El CICH plantea calles caminables, galerías activas, mejor iluminación, accesibilidad universal y recuperación del espacio público como extensión de la vida cotidiana.

Recuperar la vivienda para devolverle población al centro

Otro de los ejes identificados es la recuperación de la residencia.

Los especialistas advierten que un centro que funciona principalmente durante determinadas horas y queda vacío por las noches pierde progresivamente su vitalidad.

Por ello, una de las propuestas es generar condiciones para que nuevas generaciones vuelvan a vivir en el centro histórico, particularmente jóvenes y familias.

La incorporación de vivienda permitiría fortalecer el comercio, los servicios, la gastronomía y la actividad cultural, generando un ciclo de revitalización urbana.

El manifiesto plantea que residencia, comercio tradicional, cultura, gastronomía y servicios deben coexistir en equilibrio.

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Intervenir puntos estratégicos

Los integrantes del CICH también plantearon que la recuperación no necesariamente debe comenzar con grandes proyectos.

Una alternativa es desarrollar intervenciones pequeñas, concretas y visibles en puntos estratégicos: mejorar iluminación, limpieza y seguridad, recuperar espacios públicos y activar determinados sectores.

Esta estrategia, denominada “acupuntura urbana”, busca que intervenciones puntuales puedan generar efectos mayores y atraer posteriormente nuevas inversiones.

La propuesta contempla además identificar los principales problemas del centro, establecer prioridades y plantear soluciones de corto, mediano y largo plazo.

Patrimonio y economía deben ir juntos

Uno de los principales desafíos identificados es convencer a los propietarios de inmuebles patrimoniales de conservar sus propiedades.

Los especialistas consideran que no basta con exigir protección patrimonial. También deben existir incentivos que permitan mantener y restaurar los inmuebles sin convertir esa responsabilidad exclusivamente en una carga para los propietarios.

El manifiesto propone estímulos tributarios, simplificación de trámites y mecanismos que faciliten la conservación y restauración de las edificaciones patrimoniales.

La recuperación, además, podría apoyarse en alianzas público-privadas, de manera que la inversión privada contribuya a generar nuevos usos para inmuebles que actualmente se encuentran deteriorados o abandonados.

Conservar los perímetros y permitir nuevos usos

Entre las posibilidades arquitectónicas discutidas está la incorporación de nuevos usos sin necesariamente destruir la estructura patrimonial existente.

La idea consiste en preservar elementos fundamentales del centro —como las galerías y las características urbanas de las manzanas— y, bajo criterios técnicos, permitir que determinados espacios interiores incorporen vivienda, gastronomía, comercio, cultura y otros usos contemporáneos.

De esta manera, la arquitectura moderna podría dialogar con la arquitectura tradicional sin sustituirla.

El objetivo no sería reconstruir artificialmente el pasado, sino permitir que diferentes épocas de la ciudad puedan convivir.

El centro todavía tiene potencial

Los participantes también cuestionaron una mirada exclusivamente negativa sobre el centro histórico.

Aunque reconocen problemas de deterioro, abandono, pérdida de población y actividad, sostienen que todavía existen espacios que demuestran que el centro conserva capacidad de convocatoria.

Restaurantes, patios, actividades culturales, comercios, plazas y determinados puntos de encuentro mantienen una dinámica que podría ser fortalecida.

La tarea, según el planteamiento, consiste en identificar esos “atractores” urbanos, conectarlos y generar nuevas actividades alrededor de ellos.

“El centro no está muerto”, fue la conclusión compartida durante la discusión: todavía existen capas de vida que pueden ser recuperadas y potenciadas.

Una alianza con las autoridades

El CICH plantea establecer un diálogo directo con las instituciones públicas responsables de la gestión urbana y patrimonial.

El manifiesto señala que la recuperación del centro debe convertirse en una prioridad estratégica de los tres niveles de Gobierno, especialmente del Gobierno Autónomo Municipal y de la Gobernación Departamental, mediante un modelo de gobernanza participativo, transparente y plural.

El espacio ciudadano no pretende sustituir a las autoridades, sino generar propuestas, impulsar acciones y acompañar el proceso de recuperación.

“Detectar el problema y plantear una solución” aparece como uno de los criterios de trabajo del grupo, que busca pasar del diagnóstico a propuestas concretas.

Educación para defender el patrimonio

Otro de los pilares planteados es la educación ciudadana.

Los integrantes consideran que el patrimonio no puede ser protegido si las nuevas generaciones desconocen el valor de los inmuebles, calles, plazas y espacios que forman parte de la historia de Santa Cruz.

Por ello se plantea desarrollar conversatorios, debates técnicos, actividades culturales y campañas de difusión, además de utilizar las redes sociales para generar una ciudadanía activa y vigilante.

El manifiesto establece como objetivo reconectar a las nuevas generaciones con la riqueza histórica de la ciudad para que los ciudadanos puedan convertirse en guardianes activos de su centro histórico.

“Aprender a nadar con la historia”

El desafío, finalmente, no sería regresar al centro histórico del pasado, sino aprender a convivir con su historia.

Santa Cruz ya es una ciudad diferente. Tiene nuevas centralidades, nuevas formas de movilidad, nuevas necesidades y una población distinta. Pretender congelar el centro en una determinada época sería tan equivocado como permitir que pierda completamente su identidad.

La apuesta planteada por el CICH es encontrar un punto de equilibrio: conservar el patrimonio, incorporar arquitectura y usos contemporáneos, recuperar la vivienda, mejorar la seguridad, fortalecer la caminabilidad y atraer nuevamente a la población.

El objetivo es que el centro histórico vuelva a ser un corazón urbano y no solamente un lugar de paso.

En su manifiesto, el CICH resume esa aspiración al plantear la necesidad de dejar a las futuras generaciones un centro “con alma, identidad y futuro”.

La discusión recién comienza, pero el desafío está planteado: Santa Cruz no tiene que escoger entre su historia y su futuro. Puede utilizar su historia como una de las bases para construir su futuro.

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