Felipe Caballero Ordóñez, consultor

Esta narrativa empezó como un vulgar y muy típico cuento chino. En este caso, sus protagonistas son animales sobre los que tenemos distintas valoraciones: Salvajes, exóticos, venenosos u otras. Es en su homenaje. Por si acaso, se trata de animales como todos los animales, llenos de bacterias y virus de diversos tipos, formas y tamaños, cuyos efectos sobre otros animales como los humanos, tienen un amplio y explicable arco iris de posibilidades.
Están los del más puro y límpido color blanco de la benignidad, los moderados colores intermedios de la inocuidad y el negro del veneno, la enfermedad y la muerte que caracterizan a los malignos. La biología no se olvidó aunque calló e inexplicablemente calla en su narrativa cotidiana mundial, que son esas tres las principales y más definidas y amplias comparsas que se organizan para los distintos festejos en la muchedumbre pobladas por tribus de bacterias, virus y muchos otros micro organismos, que mayormente los tenemos presos dentro del cuerpo, porque cuando salen y están alegres y furiosos, provocan desastres en el vecindario.
De manera que los seres vivos, entre ellos los humanos, los tenemos por millones y millones. Ellos forman verdaderas y distintas comparsas oficialmente registradas. Existen los de comportamientos benignos, que son poco publicitados; también los inocuos, que son los menos conocidos; y, los malignos, que son los más conocidos, famosos y bullangueros. Como es obvio, al interior de cada una de estas comparsas existen jerarquías y pequeñas fraternidades, clanes familiares y círculos de poder, que se caracterizan por tener mayores afinidades entre sus miembros; aunque también mantienen relaciones, conectividades y complicidades con grupos similares y otros competidores al interior de cada comparsa.
Quiere decir que el cuerpo interior de los seres vivos se parece a un zoológico, a un supermercado, a un estadio en el partido final de un campeonato mundial de futbol o a una elección presidencial, donde hay animales de todas las especies y ferocidades, productos para las diversas necesidades y expectativas, hinchas de todos los clubes y países, y fieles e infieles de todos los partidos políticos y coaliciones.

Entre ellos están los benignos, los inocuos y los malignos. La particularidad de los micro organismos, bacterias y virus consiste en que en determinados lugares, y por poco tiempo, viven en el mismo hábitat o microclima, donde los individuos, las familias y los clanes y grupos con mayores afinidades, crean, comparten y retroalimentan sus valores, principios y fines.
Exactamente como en las sociedades de los humanos. Como es muy obvio, por ejemplo, de sus valores, principios y fines sacan sus estrategias territoriales para facilitar y lograr su expansión; en materia económica, para desarrollarse, engordar y dejar en la miseria a los otros; en temas políticos, para gobernar en nombre de todos a quienes imponen cuarentenas, encapsulamientos y multas; en aspectos ideológicos, para justificar su poder y hegemonía en todos los campos; en el ámbito social, para tener a quienes gobernar, mandar, y al final, perjudicar.
Todo ello nos dice que también las bacterias y los virus, en sus vidas y al final de sus cortas vidas, moldean sus culturas individuales y sociales que a unos los vuelven benignos, a otros inocuos y a otros malignos con las colectividades o comparsas diferentes. Con ello justifican sus existencias, cada uno con naturaleza, argumentos y procedimientos propios. En medio de estas minúsculas disputas y derivas existenciales donde no hay espacio para disputas abstractas como las relacionadas con el ser o no ser, el último día del 2019, los chinos presentaron un cuento; de manera que festejamos el Año Nuevo 2020 con el relato de que en la Larga Marcha de Mao se incubaron las condiciones para un salto dialectico de lo cuantitativo a lo cualitativo, que permitió que en el mercado de Wuhan se produzca la mutación natural de un virus de murciélago que amablemente se cobijó en el cuerpo se unos humano muy amigables con los animales.
Este cuento como todo cuento chino, desde el principio puso en el escenario de la Aldea Global diversas anécdotas complementarias, aunque todas con una sola línea salida de un mismo y único libreto estratégico. Y, como toda estrategia es gestada por un estratega, en este caso un cuentista, esperaba que en cuestión de días o semanas compren el cuento, se culturicen con sus argumentos y convenzan a sus hijos y los hijos de sus hijos. Fueron los especuladores de las noticias e informaciones livianas quienes se encargaron de crear verdades, medias verdades y mentiras, muchas de ellas revestidas con la seriedad y el ropaje de hipótesis científicas.
De esta manera se lanzó y afirmó entre las colonias del restablecido Imperio Chino, hoy de capitalismo salvaje, la renovada idea de que la antigua Gran Marcha terminó en un salto dialectico de lo cuantitativo a lo cualitativo; logrando de este modo que el virus obtenga un rutilante triunfo, y pase de su triste y escuálido origen natural al esplendor, la gloria y la veneración mundial, al arrodillar a biólogos, estadistas y corporaciones multinacionales, y detrás de ellos a los simples del mundo. De manera que, según el cuento chino, de especie animal inferior, de un solo salto, sin entrenamiento ni adaptación alguna, llegó a los humanos.
De este modo es como se dañó aún más la ya mala reputación de los murciélagos, aunque se salvó la de pangolines, civetas y serpientes; es decir, los paganinis de este cuento chino fueron los murciélagos. De hecho, los estrategas del cuento chino se valieron de lo que se valen todos los cuentos del mundo: Se valen de malas reputaciones y se aprovechan de esas certezas populares para generar sensaciones sobre la verdad del cuento, lo que les sirve para engañar a inocentes niños, desprevenidos jóvenes y a tontos mayores.
Que todos somos virulentos, es cierto; que estamos llenos de bacterias y micro organismos, es una verdad absoluta; que los virus, bacterias, los micro organismos y también nosotros mutamos, está comprobado; que la mutación produce cambios cualitativos en los seres vivos, nadie lo pone en duda; que los cambios cualitativos dan lugar a nuevas generaciones de especies, eso es natural y continuo, y si dudan pregúntenle a Darwin; que las generaciones de especies vivas con el paso del tiempo moldean y dan lugar a nuevas especies con leves diferencias de su propia base original, está comprobado; etc.
Lo que no está comprobado es que por ser unos simples virulentos estemos condenados por la naturaleza, a devenir irremediablemente en venenosos contaminadores y provocadores de pandemias en otras comparsas y especies, porque de ser cierto, con lo “bueno y lo buenazo” que somos los seres vivos, ya nos habríamos exterminado los unos a los otros, antes que lleguen juntos la pandemia y del cuento chino.
Es claro que dicha linealidad analítica biológica en el tiempo, puede ser refutada por quienes comprueben que estamos en una fase de regresión biológica y que en ella los murciélagos nos estén dando una mano para formar parte de su poderosa tribu.
Los humanos con los conocimientos logrados y tecnologías alcanzadas somos los únicos capaces de manipular virus propios y de especies diferentes; de identificar, seleccionar y trasladar componentes naturales de esos virus hacia otros; y, entre muchas otras cosas más, de potenciar sus acciones positivas o negativas hacia los otros seres vivos. Eso se hace mediante procedimientos biotecnológicos. Se conoce mucho de biotecnología para fines positivos en distintos ámbitos del quehacer humano y para responder a nuestras necesidades. También se conoce de muchas investigaciones biotecnológicas virológicas que buscan otros objetivos.
En este bloque se hallan las armas biológicas para las guerras biológicas y hasta para las guerras comerciales en base a alimentos y medicamentos de usos cada vez más difundidos y comunes. Eso no dijo el cuento chino. Es más, lo niega. Tampoco menciona a los primeros manipuladores de bacterias y virus, que obviamente fueron chinos y de otras tribus de malsanos y virulentos humanos. Ambientaron el escenario en un mercado de Wuhan donde venden sopas chinas, de cocineros chinos para comensales chinos, donde desgracian la vida de pequeños virulentos animalitos con pasaporte de la Aldea Global.
De esta manera, todo empezó con una sopa de murciélago en el mercado de Wuhan. Aquí renació una nueva disputa entre la biología moderna y el increíble cuento chino que la quiere arrastrar a la decadencia. En la narrativa popular el cuento chino tiene fuerza por su condición imaginativa, mientras que la biología y sus amigos se metieron entre las multitudes que solo recomiendan usar barbijos y lavarse las manos. Ninguno de estos bandos explica sus argumentos de fondo en lenguaje que entiendan los humanos simples. Igual que yo.