Durante más de una década, Rodrigo Alejandro Carrasco construyó en Santa Cruz la imagen de un empresario exitoso. Ciudadano chileno, encontró en Bolivia una oportunidad para desarrollar un negocio de venta de motocicletas, formar una familia y alcanzar estabilidad económica.
Pero esa historia cambió con el paso de los años. La desaceleración económica, la caída de las ventas y el incremento de las deudas comenzaron a deteriorar su situación financiera. De acuerdo con su declaración ante los investigadores, la presión por cumplir con las obligaciones familiares, la asistencia familiar y la educación de sus hijos lo llevó a una profunda depresión.
Según su versión, horas antes del asalto permaneció solo en una plaza con un arma de fuego, debatiéndose entre quitarse la vida o buscar otra salida a la crisis que enfrentaba.
La decisión que tomó cambiaría por completo su destino.
En lugar de atentar contra su vida, se dirigió hasta una entidad financiera ubicada sobre la avenida San Martín, en la zona de Equipetrol. De acuerdo con la investigación policial, ingresó armado, redujo al guardia de seguridad, realizó disparos con fines intimidatorios y sustrajo aproximadamente Bs 28.000.
El asalto no terminó con una fuga espectacular. Por el contrario, el sospechoso abandonó el lugar caminando, una conducta que inicialmente desconcertó a los investigadores, quienes presumían que un vehículo o un cómplice lo esperaba en las cercanías.
Sin embargo, las cámaras de videovigilancia comenzaron a reconstruir cada uno de sus movimientos.
Los investigadores del Departamento de Análisis e Inteligencia (DASI) siguieron su recorrido imagen por imagen. Una grabación resultó determinante: registró el momento en que Carrasco se quitó el canguro y la gorra que utilizaba durante el atraco para modificar su apariencia antes de ingresar a un condominio cercano.
Con esa evidencia, la Policía montó vigilancia en el edificio. Al ingresar descubrió que el sospechoso ya había abandonado ese departamento y se había trasladado a otro alojamiento en la misma zona. Poco después fue localizado y aprehendido.
Durante el allanamiento, los investigadores encontraron una faceta desconocida del acusado. En el inmueble había medallas, trofeos y reconocimientos deportivos que daban cuenta de su participación en competencias de fisiculturismo y gimnasia, reflejando una vida muy distinta a la que terminó llevándolo ante la justicia.
En su declaración, Carrasco afirmó que nunca se consideró un delincuente y sostuvo que actuó impulsado por la desesperación económica. No obstante, esa versión forma parte de su defensa y deberá ser valorada dentro del proceso judicial.
La investigación también estableció que aproximadamente una hora y media después del atraco el empresario regresó a las inmediaciones de la entidad financiera para observar el despliegue policial y conocer las repercusiones del robo. Ese comportamiento quedó registrado por las cámaras de seguridad y, según la Policía, fortaleció los elementos probatorios en su contra.
Con su captura, las autoridades consideran esclarecido uno de los atracos de mayor repercusión registrados recientemente en Santa Cruz.
Más allá del proceso penal, el caso deja una reflexión sobre cómo una cadena de decisiones puede transformar por completo una vida. Un empresario que durante años construyó un patrimonio y una reputación terminó sentado en el banquillo de los acusados después de optar por un camino que, según la investigación, lo condujo en pocas horas del éxito empresarial a la cárcel.
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