Jorge Landívar Roca
“Rodrigo Paz lo desmonta o lo hereda. Lo que ocurre hoy no es protesta social: es golpe de Estado. Y el narco ya metió la mano”.
La Paz puede quedarse sin comida en los próximos días. Y no es culpa de los proveedores. El 68% de los alimentos que consume esta ciudad vienen por carretera. Son rutas que controlan sindicatos agrarios del altiplano. Cuando sube el diésel o aumenta el precio del pollo, no presentan un proyecto de ley. Cercan la ciudad. Esto no es cultura. Es chantaje logístico. Y tiene autores con nombre y apellido, son dirigentes de Evo.
La trampa se firmó en 2009. Cuando Sandra Mallo preguntó a García Linera si Evo era reemplazable. Respondió que sí, que Evo fue solo un “elemento referencial de unificación simbólica”.
Tenía razón. El “evismo” nunca fue ideología. Fue “ingeniería de poder” para sectores excluidos que usaron a Evo como llave.
Para destrabar la Constituyente, Evo y Linera fusionaron en una sola categoría jurídica-social a tres sectores históricamente enfrentados: indígena originario campesino. Sin comas. No fue inclusión. Fue el pacto que dio vía libre a la creación del Estado Plurinacional y legalizó un modelo autocrático.
Es el mismo modelo que dio al vicepresidente el poder escabroso de presidir la Asamblea Legislativa, coordinar las autonomías indígenas y sentarse en el Consejo de Ministros. Evo y García Linera violaron la separación de poderes a propósito. Querían un sistema autoritario y centralista, sin límites. Y lo lograron así que el MAS gobierne durante 20 años.
La otredad como estrategia y arma: “Si no eres andino, no eres boliviano” El proceso de cambio no solo diseñó un Estado andino-centrista. Diseñó un criterio de pertenencia. Quien no es autóctono no pertenece al mundo andino y, por lo tanto, no es considerado plenamente boliviano. Si además tiene la tez blanca, y peor si es extranjero o descendiente de éste, pasa a la categoría de “los otros”.
“Crearon la otredad”: ellos y los otros. No fue inclusión. Fue exclusión invertida. El propio García Linera lo expuso en su tesis de “lo indio como horizonte”: lo “q’ara” –el blanco, el mestizo, el citadino– es el enemigo histórico. Bajo esa lógica, lo que no es del mundo andino no es boliviano.
Estructuralmente, el proceso de cambio fracasó. No dio solución a las comunidades pobres. Solo enriqueció a la dirigencia. Por eso hoy buscan a las comunidades más pobres para crear enclaves armados. La pobreza no se resolvió: se administró como base de movilización.
Esto no es protesta social. Es golpe de Estado. La otredad revela la naturaleza real de lo que pasa hoy. Cuando un sector define quién es boliviano y quién no, y usa el bloqueo para asfixiar a una ciudad entera hasta doblegar al Gobierno, eso dejó de ser demanda sectorial. Es sedición.
No piden diésel. Piden poder. No cercan por pobreza. Cercan para demostrar que el Estado les pertenece. El evismo diseñó las reglas para que cualquier recambio presidencial sea rehén de la carretera. Eso es un golpe en cámara lenta.Y el narco lo está aprovechando
Tras 20 años de gobierno masista, el modelo económico está quebrado y el narcotráfico penetró el Estado. Hoy, en cada cerco, en cada ruta tomada, hay más que ponchos y chicotes. Hay logística, hay financiamiento, hay territorios liberados. El Narcoestado que heredó Evo no mira el conflicto: lo usa. Un país bloqueable es un país traficable. Cada día de asfixia a La Paz es un día de vía libre en el Chapare y en las fronteras.
De allí que el Mandato a Rodrigo Paz es desarmar la bomba o ser rehén.
Evo cayó. El caudillo se fue. Pero el andamiaje autoritario sigue intacto. Rodrigo Paz no puede gobernar con las reglas que Evo diseñó para eternizarse.
Todos los Vicepresidentes llegaron al poder como “alter ego” sumisos. Todos, tentados por la angurria, traicionaron.
Por eso, Presidente Paz, tu vicepresidente no puede ser tu amigo. Tiene que ser tu fusible. Y tu primera tarea es desarmar la bomba.
Los bolivianos exigen acciones en los próximos días.