Una cosa fue capitalizar el descontento y la rebeldía de la sociedad civil, y sobre esa base articular con las estructuras organizativas cívicas de larga tradición el movimiento ciudadano contra el gobierno totalitario y el fraude electoral de Evo Morales, pero otra es proponer un plan de acción reconstructiva de la institucionalidad nacional después del triunfo de dicha rebeldía social y del asentamiento de sus paradigmas democráticos, éticos y morales, ahora que vivimos en un nuevo escenario.
Con la propuesta de recuperar la democracia, las libertades y el estado de derecho en el país, se logró la unidad de diversos y amplios sectores sociales de todas las regiones, segmentos socioculturales y de actividades económicas. Son dos momentos distintos, diferentes por la naturaleza de los objetivos de la sociedad civil y por las orientaciones y acciones que se esperan del Estado.
Sin duda que en este nuevo tiempo no se puede negar que los partidos políticos tradicionales que vieron la rebeldía social desde la tribuna y los grupos de poder que la vieron desde sus oficinas haciendo cálculos de sus pérdidas de ingresos por los días no trabajados, ya entraron en acción.
Y lo hacen basados en sus conocimientos prácticos de la historia y en los comportamientos siempre actuales de los seres humanos. Es cierto eso de que las mieles del poder, por muy complejas que parezcan, son fáciles en sus formas expresivas de presentarse, y en este caso muestran a los potenciales candidatos presidenciables como centro de interés y personas a ser tentadas con ofertas mundanas y galácticas, materiales y simbólicas, creíbles e increíbles.

En este campo, ya se percibe que los grupos de poder andino céntricos y particularmente los paceños buscan desestabilizar los principales acuerdos que promueve el exlíder cruceño Luis Fernando Camacho. En sentido práctico muestra que buscan hacer tambalear la alianza con el presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), Marco Antonio Pumari, pese a que este pacto parecía cantado después de liderar el movimiento ciudadano y la rebeldía social que derribó al gobierno de Evo Morales.
Cada tres declaraciones públicas de Camacho, hay una contraria de Pumari. Una buena pregunta ahora es ¿Camacho hace campaña para él?, a pesar de que el potosino lo cuestiona permanentemente. Hasta da para desconfiar que se trata de una táctica política para hacer enojar a Camacho de manera que en algún momento le diga andáte con otro ya que no querés venirte conmigo.
Además, los políticos tradicionales, experimentados en estas tradicionales experiencias también están en una intensa actividad para poner trampas sabiendo que no podrán ser desechados totalmente. Todos están trabajando y tejiendo alianzas. Ya demostraron su experiencia en consolidar la partida de Evo Morales. A los políticos nadie los jubila ni ellos se jubilan. Los que hacen política buscan siempre la oportunidad para levantar la cabeza y tirarse al ruedo, eso nadie podrá frenarlo.
Ahora mismo estamos en una cuaresma política en la que los demonios del poder están tentando a los dos con ofertas de todo tipo, aunque lo quieran negar. Ambos tienen como antecedente la lucha contra Morales, lo cual le ha dado el vigor y la sintonía del movimiento ciudadano porque fueron capaces de interpretar el sentimiento nacional, aunque los cívicos lo hicieron con mucho más acierto y valor que los otros. Los mejor de este binomio, su fortaleza, es que son producto de una lucha ciudadana y cuando se separan pierden fuerza.

La política tiene mucho de enemigos, por eso divide, pese a ello está en duda que esto vaya a favorecer al partido echado del gobierno por la rebeldía social, partido que declino y cayo electoralmente en los últimos años y no hay señales de una posible recuperación inmediata. Estará sometido al voto castigo, porque los bolivianos saben la verdad de lo que paso en el país y no es como dicen los que vienen de afuera a elaborar informes.
Eso sí, no debemos perder de vista que aún conserva los dos tercios en la Asamblea Legislativa, controla totalmente la justicia y tiene su gente en puestos claves en el Ejecutivo, como el caso del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). El otro gran poder que aún conservan es la fuerza de lucha contra el narcotráfico, por eso por el momento no se ha hecho nada. No hay lucha, es una tarea pendiente para el próximo gobierno. Tiene mucho por qué pelear el MAS. Por eso es importante generar un frente capaz de competir con este poder económico y política, aunque su caudillo ya no esté en el país.
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