El poder del Estado Plurinacional ejercido por la fuerza política y social del Movimiento Al Socialismo (MAS) dejó evidencias profundas después de aproximadamente 14 años de gestión gubernamental, tanto en la memoria colectiva boliviana como por la impronta de su línea en círculos influyentes.
¿Inclusión (en teoría) o utilización de los denominados ‘levantamanos’ en el Congreso? Aún causa sorpresa, pero el relato testimonia lo ocurrido. Los días que siguieron a la renuncia de Evo Morales, Álvaro García Linera, Adriana Salvatierra, Víctor Borda junto al resto de la cúpula ejecutiva y legislativa exgobernante, el 10 de octubre de 2019 en La Paz; son jornadas que revelaron la exclusión y marginación de grupos de asambleístas que a pesar de participar en la política, estaban fuera de ella.
Es así que en las negociaciones para lograr el cambio constitucional y democrático de Gobierno que cayó en manos de Jeanine Áñez y los pactos por la pacificación, (en lo posible con una transición sin más pérdidas de vidas como las de Montero, Sacaba o Senkata), descollaron la unidad de dos grupos de la línea oficialista y opositora.

“Es paradójico, estamos hablando del sector grande de parlamentarios del MAS que nunca fueron consultados para tomar una decisión en sus años de Gobierno. Fueron excluidos”, remarca el analista y periodista, Walter Mur recordando las intensas reuniones auspiciadas por la Iglesia Católica, la Unión Europea, España, Naciones Unidas y los actores involucrados en el enfrentamiento político.
En tanto que en la vereda del frente ésta fracción excluida encontró a los “otros excluidos”: los legisladores opositores que tampoco tenían labores de trascendencia en la Asamblea Legislativa.
“La ciudadanía criticaba el rol de levantamanos de muchos asambleístas, pero no veía el fondo de este problema. Y en el fondo era que tenían una estructura de organización y de imposición que les impedía accesos y relación. Pregúntenle a Eva Copa (ahora presidente del Senado) si tenía acceso al presidente Evo Morales”, cuestiona y desafía Mur. Agrega que en este escenario los parlamentarios estuvieron condenados a ser “simplemente levantamanos”, pero el analista rescató la presencia y preponderancia de estos dos sectores sin los que Bolivia, posiblemente, se haya transformado en una dictadura y estado viviendo con un Gobierno fuera de las leyes y la democracia. “Si hubieran faltado estos dos grupos excluídos de la política, no estaría completa la ecuación de pacificar las calles y el país.

¿Las calles fueron conscientes de una salida política, con actores políticos? Mur cree que no porque las protestas y movilizaciones espontáneas sí fueron conscientes que ya no querían el estado de cosas de ese momento de crisis de Estado y Gobierno. “Tenían consciencia de qué es lo que no querían, no estaban claro de qué es lo que venía por delante. Por eso la participación del sistema político en preservar, en medio de la efervescencia, la institucionalidad boliviana y democrática ha sido clave para que éste proceso tenga futuro. Caso contrario habríamos estado frente a un golpe de Estado simple y sencillo y un levantamiento cívico – militar que hubiera acabado no sé cómo”.
Tras el diálogo y concertación de ambos bandos que allanó la solución a la crisis social y ante las posiciones que argumentan cumplimientos de ciclo político, Mur concuerda con el ejemplo demostrado por los legisladores y apunta a que de ahora en adelante, ya no deberán buscarse caudillos, sino apostar por procesos.
“No creo que en la siguiente etapa y periodo presidencia vamos a tener un país callado. Tendremos un país tremendamente participativo en dos niveles: primero lo institucional con un Parlamento obligado a pactar y negociador de programas de Gobierno y acuerdos específicos, alejándonos de la idea de los 2/3 definitivos y dos; vamos a tener un país muy expresivo en las calles”.
Mur opina que parecería el regreso a una etapa anterior, pero es distinta. “Ya no es el país de los pactos por ´pegas’, sino de acuerdos por programas de Gobierno y miradas a futuro”.