domingo, 7 diciembre,2025
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Santa Cruz de la Sierra

Mandato histórico de Santa Cruz

felipaPor: Felipe Caballero Ordóñez

Quienes aspiramos a sintetizar los Mandatos de la sociedad cruceña, señalamos:

  • Que dichos Mandatos provienen de las voluntades ciudadanas cruceñas, ratificadas en nuestra historia de libertad, justicia y desarrollo propio e independiente, absolutamente diferenciado de cualquier rasgo del enfoque estatal centralista y socio cultural andino.
  • Que dichos Mandatos son expresiones consultadas y aprobadas en los Cabildos Ciudadanos de Santa Cruz, ya que los mismos forman parte de nuestro ser territorial, social y cultural.
  • Que los Mandatos fueron concebidos tomando en cuenta las tensiones del presente, los desafíos inmediatos y las búsquedas de los satisfactores permanentes para las necesidades sociales, económicas y territoriales de los cruceños.
  • Que los Mandatos son la expresión de las nuevas orientaciones ideológicas y acciones políticas que surgieron ante la necesidad de responder a los actuales atropellos del Estado andino centrista, que actualmente ordena a sus funcionarios públicos a cumplir los roles de guerreros digitales y a los sectores sociales empobrecidos por sus políticas públicas, a que ejerzan como soldados rasos enviados para el sacrificio en su condición de fuerzas de choque.
  • Que los Mandatos guiaron las decisiones y las acciones de ejercicio pleno de la ciudadanía, de las libertades y la protección de la democracia plena que postulamos, a partir de constatar y condenar el absurdo de las dictaduras militares y cívicas militares, que siempre terminaron por justificar las rebeliones libertarias ciudadanas.
  • Que los históricos Mandatos de libertad, justicia y desarrollo se activaron y proyectaron a nivel nacional y mundial, en protección a la democracia, a partir de Santa Cruz y del Oriente, desde el exitoso 21 de febrero de 2016, cuando se quiso violentar la norma constitucional y se derrotó a las pretensiones dictatoriales de algunos corrompidos y embriagados por el poder.
  • Que los Mandatos son respuestas para el presente y para el futuro regional y nacional, y guían la ética de nuestras luchas ciudadanas.

Estamos convencidos que por sus efectos e impactos, los Mandatos orientarán el presente y el destino histórico nacional, ya que ese es el claro e inocultable desafío mayor que nos pone al frente los acumulados logros propios y ajenos que permitieron el desarrollo alcanzado por los cruceños y los venidos de otras partes, que provienen de las vocaciones productivas de nuestros territorios y de las potencialidades humanas individuales e institucionales que hemos desarrollado.

Estas vocaciones productivas territoriales y las potencialidades humanas de sus habitantes, son las que nos señalan el camino para alcanzar las realizaciones plenas de libertad, justicia y desarrollo integral y sostenible, en un escenario desafiante para el futuro inmediato, destinado a reconquistar la democracia plena y alcanzar un Estado libre de todo tipo de corrupción en sus distintos poderes y niveles; y, en una sociedad con sus diferentes regiones y sectores de actividades.

Son las condiciones mínimas necesarias para avanzar hacia una sociedad liberada de los oscurantismos y falsedades del Estado andino centrista, medieval, atrasado y superado,  que limita las oportunidades de ser parte del desarrollo eficiente y competitivo que se manifiesta en el escenario mundial.

Nosotros asumimos ese llamado que convoca y exige vivir en la modernidad con el ejercicio pleno de los derechos y las libertades ciudadanas que caracterizan a las civilizaciones que miran el futuro prometedor, en vez del oscuro pasado lastimero, que en esta parte del mundo se representa y cobija en el eterno lamento boliviano, que caracteriza a las culturas de las sociedades andinas.

Como suceden y están las cosas en el presente, que por sus rasgos caracterizan el fin de la fase del alto peruanismo y de sus representantes, la tarea inmediata consiste en alcanzar una meta de llegada intermedia, para entre otros resultados, poner fin al periodo histórico del extractivismo económico asociado al populismo político, que desde siempre desgració los presentes, e hipotecó los porvenires, durante toda la historia de Bolivia.

La última fase de ese extractivismo económico y populismo político se inició después de la Guerra del Chaco con la República del Paraguay, que fue por el petróleo. Hoy, esta fase, termina con el agotamiento del petróleo y la puesta en escena de la silenciosa Guerra del Chapare, donde una de las partes pretende consolidar a la cocaína como un nuevo producto que forme parte del patrón de acumulación económica y facilite la consolidación de la una nueva oligarquía económica y política, con forma, color, olor y sabor a coca y a sus derivados.

En su  momento, el néctar del extractivismo económico con su engaño político de naturaleza andino centrista, fue el petróleo, y su razón de ser su explotación para vivir de los recursos que le proveía.

De este modo alimentó a la burocracia alto peruana surgida después de la Guerra Federal.

Se trata de una burocracia, denominada, en principio, oligárquica minero feudal; luego, burguesa plebeya hidrocarburífera; y, finalmente, indígena hidrocarburífera y cocalera.

Estas denominaciones asignadas en la historia, ilustran los diversos ciclos cortos durante la larga fase en la que tuvo vigencia el extractivismo económico y con su engaño político de naturaleza andino centrista como forma de gestión pública, sistema de gobierno y organización estatal.

Tuvieron diversos ropajes y distintas narrativas ideológicas y políticas, y todos ellas fueron las responsables de gestionar las políticas públicas nacionales desde hace más de  120 años en la República de Bolivia, como la denomina el Artículo 11 de la actual Constitución Política del Estado, promulgada el 09 de febrero de 2009.

Se trata de uno, entre muchos otros factores y elementos, que contribuyeron a la conflictiva relación de la sociedad civil cruceña, las del resto del Oriente y el Sur del país, portadoras de sus particulares formaciones económicas, políticas e institucionales, que colisionan con las formaciones andinas que desde 1825 están muy bien representadas por el Estado andino centrista boliviano.

Es que siempre hubo disputa por los sistemas económicos y modelos de desarrollo a partir de aprovechar los recursos naturales. Estas diferencias fueron desde los tiempos pre coloniales, los coloniales y republicanos, hasta el presente.

Es la disputa entre los habitantes del Oriente, la Chiquitanía, la Amazonía y el Chaco, con los de la región andina, que se sintetiza en el tipo de Estado establecido en el pasado, y a establecerse en el futuro, en su conformación y en el lugar donde se ubique la sede principal de sus funciones.

Estas aristas filosas se volvieron evidentes desde los tiempos de Bolívar, Urcullo y Olañeta, y se convirtieron en los espacios de disputas desde Pando, pasando por Paz Estensoro, Banzer Suárez, Sánchez de Lozada, Paz Zamora, Quiroga Ramírez, Meza Quisberth, Rodríguez Belzé, Morales Ayma y Arce Catacora, ya que en conjunto, al ser todos ellos representantes del Estado andino céntrico, organizaron gobiernos fieles a este horizonte.

En toda la historia republicana, lo único que hicieron fue mantener la esencia natural y funcional del Estado andino centrista, así sea en el modo republicano o supuestamente plurinacional, que desde siempre discriminó, postergó y agredió a los habitantes de las regiones chiquitanas, amazónicas, guaraníes,  chaqueñas y de los bosques del pie de monte amazónico y chaqueño.

German Busch Becerra fue el único que desde el gobierno nacional buscó el desarrollo de Santa Cruz, del Chaco y el Oriente. Es el único que está excluido de la historia de agravios contra los habitantes de estas regiones.

Y, es que desde siempre los andinos centristas buscaron avasallar territorios, apropiarse de los recursos naturales, eliminar de manera material y espiritual a las culturas representadas en las civilizaciones, naciones, pueblos y sociedades  con identidades diferentes a ellos.

Con relativas variantes, es la misma historia de los conflictos no resueltos, aunque con diversas intensidades, por la que están pasando las actuales repúblicas de Chile, Perú, Argentina, Ecuador,  Colombia y Venezuela; países que junto a la actual Bolivia, tienen naciones y pueblos que se disputan los diversos espacios entre amazónicos y andinos, a los que se agregan los llaneros y los habitantes de las playas sudamericanas.

En la Bolivia que actualmente se conoce, la confrontación históricamente fue asumida por el Estado y los diversos órganos estatales en representación de los actores e intereses andinos centristas.

Santa Cruz y el Oriente  tuvieron que inventar y desarrollar sus propias organizaciones y estructuras de protección y de auto desarrollo, ante la objetiva obstaculización del Estado y los sucesivos gobiernos. La labor fue asumida por la sociedad civil que se activó de manera natural, aplicando comportamientos claros, honestos y sin cohabitar con nada ni nadie del poder andino.

En los últimos años, la sociedad civil cruceña se sobrepuso en las calles, avenidas, rotondas, caminos y carreteras al poder estatal y gubernamental andino, y a quienes en su nombre se aprovecharon de algunas instituciones laboriosamente levantadas y jerarquizadas.

Destituyó con el rechazo a quienes a su nombre, en algunos casos instrumentaron la cohabitación política para alcanzar sus miserables intereses económicos y políticos.

En otros casos, donde solo tenían objetivos  económicos y destruyeron a las instituciones creadas por la sociedad civil cruceña; y a las públicas, donde los cruceños elegimos a sus autoridades, les afirmamos que están en espera de resoluciones ciudadanas, sabiendo que tienen que rendir cuenta de sus falsedades y del desdeño a su tierra.

Nunca nos olvidaremos de todos ellos y de todas ellas, pues sabemos que defraudaron nuestras confianzas; negociaron y tienen cultura y motivos de negociación con los andinos centristas, que ven a los cruceños como a sus enemigos y fuentes de ilegítimos enriquecimientos.

En las dos últimas décadas, como siempre, los gobernantes andinos, frente a sus miserias para gestionar sistemas y modelos de desarrollo competitivos, han optado por el folclorismo de un nuevo andinismo ideológico, político y organizativo, sostenido con aportes estatales, de las economías corruptas de los nuevos ricos surgidos del poder político y de las organizaciones delincuenciales que forman parte de estructuras internacionales, que con engaños reclaman el poder para los desheredados de la tierra.

Los habitantes de Santa Cruz y del Oriente, desde nuestras posiciones los enfrentamos y lo hacemos con enfoques ciudadanos, con el aporte de las nuevas organizaciones sociales emergentes, las que además de cumplir estos roles de lucha social, política e ideológica,  canalizan el  ejercicio de la ciudadanía plena anidada en la libertad, la justicia y el desarrollo.

El contexto de la actual confrontación entre el Oriente y el Occidente, entre la nueva República que con ánimos florece y el viejo Estado andino centrista que vive sus últimos días en medio de una afiebrada decadencia, está influido por la participación del actual gobierno dictatorial que se resiste a entender que el fin de este Estado ha llegado.

Se trata de un gobierno que por naturaleza y por diseño construido, organiza los conflictos buscando lograr un hipotético poder político, económico y social absoluto. Para ello, usa todo su aparato institucional en favor del decadente folclore ideológico y político que ofende a la naturaleza y a la tierra con ritos y ceremoniales que chocan con la dinámica y creativas iniciativas y con los métodos pacíficos de la sociedad civil moderna. Se trata del choque frontal de dos tipos de civilizaciones en la historia de las sociedades humanas.

Mientras que la decadencia civilizatoria muestra la intensión de avasallar el espíritu de libertad y de autonomía republicana de los cruceños, los cruceños en alianza con todos los del Oriente y del Sur florecemos al ser parte de la modernidad  que se cubre con la libertad de los nuevos tiempos del mundo.

Todas las valoraciones realizadas visualizan una realidad de atropello dictatorial del gobierno que se enfrenta a una sociedad activa que lucha por la libertad, la justicia y la democracia.

El derrotero señala que se está llegando al momento de la resolución de los temas pendientes, con elementos que muestran un camino sin retorno, ya sea  por la vía del diálogo y los acuerdos sobre nuestras diferencias, o de la confrontación abierta en los escasos espacios que aun permite la destusada democracia formal. Lo cierto es que por las vías que se adopten, un nuevo tipo de Estado está por nacer. Será democrático, moderno y autonómico.

El fin del periodo se llevará encima y quebrará al auto denominado Movimiento Al Socialismo. Con ello, concluirá el ciclo histórico donde se sucedieron el burocratismo aristocratice  minero feudal, el izquierdismo arribista y el indigenismo folclórico.

Es que llegó a su fin el periodo estatal iniciado con Bolívar, la fase del extractivismo económico y populismo político, y del corto ciclo engañosamente indigenistas. Todo ello pertenece al pasado medieval, colonial, republicano y plurinacional  andino céntrico.

En su lápida también dirá que en un pequeño tramo del periodo republicano y del falsamente indígena, estuvieron y sirvieron como arlequines de corte palaciega, algunos falsos profetas del indigenismo de Bolivia y España.

Dirá de ellos, que después del derrumbe del socialismo real en Europa, trataron de esconderse de estas derrotas, y se acurrucaron en el pozo oscuro del pachacutismo, pretendiendo un nuevo amanecer, que cuando llegó, los encontró haciendo las mismas y vulgares prácticas de todos los eternos burócratas corruptos. De la misma bolsa de papan habían salido.

Los nuevos tiempos vienen con un moderno Estado, donde Santa Cruz ejercerá el liderazgo y cada departamento tendrá la representación y el peso que le corresponde para la definición y la gestión de las políticas públicas nacionales, regionales y departamentales.

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