En el debate político contemporáneo sobre el desarrollo regional, uno de los problemas más persistentes en Bolivia es la migración de jóvenes hacia las grandes ciudades o al exterior en busca de oportunidades laborales y educativas. Este fenómeno, que afecta especialmente a regiones intermedias como el Chaco cruceño, plantea una pregunta fundamental: ¿cómo generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan construir su futuro en la tierra que los vio nacer?
En este contexto se inscribe el conversatorio realizado en Camiri entre estudiantes universitarios y la fórmula de la alianza Primero Santa Cruz, integrada por Guido Náyar y José Alberti. Más de 500 estudiantes de distintas facultades de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno participaron en un espacio de diálogo que puso en el centro tres temas estructurales para el desarrollo regional: educación tecnológica, empleo juvenil y fortalecimiento productivo del Chaco.
El encuentro reflejó una preocupación ampliamente compartida por la juventud: la brecha entre la formación académica y las oportunidades reales de empleo. Durante décadas, el sistema educativo boliviano ha enfrentado el desafío de adecuar su oferta formativa a las necesidades de la economía productiva. Esto ha derivado en una paradoja frecuente: profesionales titulados que encuentran dificultades para insertarse en el mercado laboral o que deben migrar para ejercer su profesión.
Frente a este escenario, la propuesta presentada por la dupla de Primero Santa Cruz plantea fortalecer lo que denominan educación estratégica, orientada a articular la formación técnica y universitaria con sectores productivos emergentes. La idea central consiste en promover carreras y especializaciones vinculadas a tecnología, innovación y desarrollo regional, con el objetivo de generar profesionales capaces de impulsar proyectos económicos desde sus propias comunidades.
En regiones como el Chaco cruceño, esta discusión adquiere especial relevancia. Históricamente vinculada a la actividad hidrocarburífera y a la producción agropecuaria, la zona enfrenta hoy el desafío de diversificar su economía y modernizar su estructura productiva. En ese proceso, el capital humano —es decir, la formación y el talento de su juventud— se convierte en un factor decisivo.
El conversatorio también permitió abordar temas como la infraestructura educativa, la inclusión digital y la capacitación docente. Estos elementos forman parte de una agenda más amplia orientada a reducir las desigualdades territoriales en el acceso al conocimiento y a las herramientas tecnológicas. En la actualidad, la digitalización de la economía y la expansión de la inteligencia artificial exigen sistemas educativos capaces de adaptarse con rapidez a nuevas demandas laborales.
Otro aspecto destacado del encuentro fue la reflexión sobre identidad regional y pertenencia territorial. En muchos casos, la migración juvenil no responde únicamente a razones económicas, sino también a la percepción de que el progreso solo es posible fuera del lugar de origen. Cambiar esa narrativa implica generar condiciones reales de desarrollo local y fortalecer el orgullo por la propia región.
Desde una perspectiva política, la interacción directa entre candidatos y estudiantes refleja una tendencia creciente en las campañas contemporáneas: la incorporación de la juventud como actor central en la discusión sobre el futuro de los territorios. Más allá de las diferencias partidarias, existe consenso en que la nueva generación será determinante para redefinir el modelo de desarrollo regional en las próximas décadas.
El desafío, sin embargo, no se limita a formular propuestas. La experiencia boliviana muestra que muchas iniciativas de transformación educativa y productiva han enfrentado dificultades de implementación debido a limitaciones institucionales, presupuestarias o de coordinación entre distintos niveles de gobierno.
Por ello, el debate sobre el futuro del Chaco y de Santa Cruz en su conjunto exige algo más que diagnósticos: requiere políticas públicas sostenidas, articulación con el sector productivo y una estrategia clara para convertir el talento joven en motor de desarrollo.

Si algo quedó claro en el encuentro de Camiri es que la juventud no solo demanda oportunidades; también busca participar activamente en la construcción del futuro de su región. En esa ecuación, la educación orientada al desarrollo productivo aparece como una de las claves para transformar la migración forzada en una decisión libre, donde quedarse sea tan viable como partir.
El reto político consiste precisamente en eso: crear un entorno en el que los jóvenes no tengan que abandonar su tierra para encontrar mejores días, porque esos mejores días puedan construirse allí mismo.
