La decisión de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) de reanudar la descarga de diésel en la Terminal Marítima Sica Sica, en Arica (Chile), y anunciar nuevas rutas de importación representa un cambio en la estrategia logística del abastecimiento de combustibles. La medida busca disminuir la alta dependencia de un solo punto de ingreso, una vulnerabilidad que quedó expuesta durante las últimas semanas con las extensas filas en estaciones de servicio de todo el país.
El principal problema no fue la falta de combustible en el mercado internacional, sino la imposibilidad de descargar los buques debido al fuerte oleaje en Arica. Esa interrupción retrasó el ingreso de aproximadamente 48 millones de litros de diésel, generando un efecto inmediato sobre el suministro interno.
Frente a ese escenario, YPFB sostiene que el abastecimiento comenzará a normalizarse. Según sus proyecciones, la demanda nacional para julio alcanza los 7,812 millones de litros diarios, mientras que las importaciones previstas suman 10,005 millones de litros por día, lo que representaría un excedente de 2,193 millones de litros diarios destinado a reponer inventarios y fortalecer las reservas estratégicas.
Más allá del alivio inmediato, el aspecto más relevante del anuncio es la diversificación logística. Además del ingreso tradicional por Arica, la estatal incorporará dos nuevos mecanismos de abastecimiento.
El primero utilizará Puerto Quijarro, donde el combustible llegará mediante convoyes de barcazas con capacidad para transportar hasta 10 millones de litros por viaje. Desde ese punto será trasladado por vía férrea hasta Santa Cruz, aportando alrededor de un millón de litros diarios.
La segunda alternativa será el ingreso por el Sistema Sur de Ductos, mediante envíos de seis millones de litros cada diez días, equivalentes a unos 600.000 litros diarios.
Desde una perspectiva económica, esta estrategia tiene varias implicaciones. Reduce el riesgo de interrupciones provocadas por factores climáticos, distribuye el abastecimiento entre distintos corredores logísticos y disminuye la dependencia de una sola terminal marítima. Además, mantener mayores niveles de almacenamiento puede ofrecer un margen de respuesta ante eventuales contingencias.
Sin embargo, el verdadero desafío será sostener ese flujo de importaciones. Bolivia continúa dependiendo de la compra de combustibles en el exterior para cubrir una parte importante de su consumo interno, lo que implica elevados requerimientos de divisas y un significativo costo fiscal debido a la subvención de los carburantes.
En ese contexto, aunque la diversificación logística puede mejorar la estabilidad del suministro y reducir episodios de desabastecimiento, no modifica el problema estructural: la creciente dependencia de las importaciones de diésel frente a una producción nacional insuficiente para atender la demanda del mercado interno.
En consecuencia, el éxito de esta estrategia no solo dependerá de la eficiencia en las nuevas rutas de transporte, sino también de la capacidad del Estado para garantizar el financiamiento de las importaciones y avanzar en medidas que reduzcan, a mediano y largo plazo, la dependencia externa del país en materia de combustibles.