El presidente Rodrigo Paz utilizó por primera vez la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas para presentar ante la comunidad internacional una Bolivia en proceso de cambio y, al mismo tiempo, marcar una ruptura política con el ciclo ideológico que vinculó con los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales.
Sin mencionar directamente a ambos exmandatarios, Paz recurrió a dos episodios emblemáticos para identificar lo que considera el origen ideológico de parte de la crisis boliviana.
“Parte de esos 20 años de la realidad de un país arrasado se deben a la consecuencia de un momento de construcción ideológica en nuestro continente”, afirmó.
El mandatario recordó primero la intervención de Chávez ante la ONU en 2006, cuando el entonces presidente venezolano dijo que George W. Bush “olía a azufre”. Después evocó a Morales al mencionar al líder que llegó al escenario internacional con “una hojita de coca” para reivindicarla como parte de la cultura boliviana. Paz sostuvo que ambos episodios formaron parte de una misma corriente política e ideológica que, según su interpretación, terminó afectando el desarrollo nacional.
“El socialismo y la ideología no dan de comer”
El jefe de Estado utilizó esa referencia histórica para presentar su propuesta económica como un cambio de rumbo.
Ante los representantes de los países miembros de la ONU, defendió el concepto de “capitalismo para todos” y sostuvo que el empleo, la producción, la inversión y el desarrollo económico deben constituir la base de la recuperación boliviana.
“El socialismo y la ideología no dan de comer; lo que da de comer es el empleo, el desarrollo de nuestras economías y nuestras producciones”, sostuvo.
Paz afirmó que Bolivia cerró 2025 con una contracción económica del 1,6% y una inflación superior al 20%, y señaló que el país pasó de ser considerado una potencia energética en gas, hidrocarburos y minería a depender de negociaciones con organismos multilaterales y otros países.
De $us 51 millones a $us 1.200 millones
Uno de los principales datos económicos expuestos por Paz fue la evolución de las reservas internacionales.
El presidente aseguró que recibió el Gobierno con apenas $us 51 millones en reservas y que, después de aproximadamente diez meses de gestión, estas se encuentran cerca de $us 1.200 millones.
Su meta, dijo, es llevarlas a aproximadamente $us 4.000 millones hasta finales de 2026 y alcanzar cerca de $us 10.000 millones en los siguientes 18 meses. Se trata de proyecciones planteadas por el propio mandatario y no de resultados ya alcanzados.
Bloqueos, narcotráfico y seguridad
El discurso también trasladó a la agenda internacional la conflictividad interna de Bolivia.
Paz denunció ante la ONU 53 días de bloqueos, que, según su exposición, afectaron carreteras, asistencia, salud y educación y dejaron más de 20 personas fallecidas.
El mandatario vinculó esos conflictos con actividades ilícitas como el narcotráfico, el narcoterrorismo, el contrabando y la explotación ilegal de oro. En paralelo, planteó una mayor cooperación internacional frente al crimen organizado y defendió la incorporación de Bolivia a mecanismos regionales de coordinación en materia de seguridad.
Bolivia quiere inversiones, pero con industrialización
Más allá de la confrontación ideológica, Paz buscó convertir su intervención en una carta de presentación económica para Bolivia.
Convocó a inversionistas internacionales y planteó una agenda basada en capital, tecnología, empleo e industrialización, con especial atención en minerales considerados estratégicos como litio, cobre y estaño, además de energía y biodiversidad.
El mensaje central fue que Bolivia no quiere limitarse a exportar materias primas, sino avanzar hacia procesos de transformación con valor agregado y transferencia tecnológica.
El mandatario también reivindicó la apertura internacional de Bolivia, pero bajo una premisa de soberanía económica: atraer inversión y cooperación sin renunciar a la capacidad del país de decidir sobre sus recursos naturales.
Un discurso de ruptura ante el mundo
La primera intervención de Paz ante la Asamblea General de la ONU tuvo así un doble componente: una explicación política de la crisis que atribuye parcialmente al ciclo ideológico de las últimas dos décadas y una oferta económica para reposicionar a Bolivia ante los mercados internacionales.
El presidente presentó al país como una nación que intenta reconstruir sus reservas, superar la escasez de combustibles, recuperar capacidad productiva y abrirse nuevamente al capital internacional.
La apuesta, según el propio mandatario, es dejar atrás el modelo que cuestiona y avanzar hacia una economía basada en inversión, empleo, producción e industrialización.
La intervención se produjo durante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, cuya semana de alto nivel se desarrolla del 18 al 28 de septiembre de 2026.