Gaseosas, carne y pan dominan el gasto alimentario en La Paz; frutas y verduras pierden espacio en la dieta

La estructura del gasto alimentario en el municipio de La Paz revela una paradoja: los hogares destinan la mayor parte de sus recursos a alimentos básicos y carnes, mientras productos como las frutas, las verduras y los alimentos andinos tienen una presencia limitada en la dieta cotidiana. Al mismo tiempo, las bebidas gaseosas destacan entre los productos individuales con mayor gasto mensual.

Los datos forman parte de un diagnóstico del Comité Municipal de Seguridad Alimentaria de La Paz (CMSA-LPZ), elaborado para identificar los patrones de consumo, las condiciones de acceso a los alimentos y los factores que determinan las decisiones de compra de la población.

El estudio plantea una cuestión que va más allá de los hábitos personales: ¿los hogares paceños están eligiendo qué comer o están condicionados por sus ingresos, el tiempo disponible y el costo de los alimentos?

La carne absorbe cuatro de cada diez bolivianos del gasto analizado

El 39,2% del gasto destinado a la compra de alimentos para preparar en casa se concentra en las carnes. A continuación se sitúan el pan y los cereales, con el 17,6%, y las legumbres, hortalizas y vegetales, con el 12,2%. Las frutas representan apenas el 4,2%.

La distribución muestra una marcada concentración del gasto en determinados grupos de alimentos. La participación de las carnes contrasta con la proporción destinada a las frutas, lo que plantea interrogantes sobre la diversidad de la alimentación y el acceso a productos frescos.

Sin embargo, estos porcentajes describen la distribución monetaria del gasto y no necesariamente las cantidades consumidas ni la calidad nutricional total de la dieta. Para determinar si existe un déficit nutricional se necesitan datos complementarios sobre porciones, frecuencia de consumo y requerimientos de cada grupo de población.

Entre los productos individuales analizados, las bebidas gaseosas registran un gasto mensual de Bs 29,96, equivalente al 9,38% del gasto considerado en ese análisis. Les siguen diferentes cortes de carne, pan y pollo entero.

El dato merece atención porque las gaseosas aparecen como el producto individual con mayor gasto reportado, aunque esto no significa que sean el alimento más consumido en volumen ni que representen el mayor desembolso entre todos los grupos alimentarios.

Una dieta cotidiana con poca diversidad

El diagnóstico identifica una alimentación centrada en productos habituales como arroz, papa, pan, aceite y huevo, junto con una importante presencia de proteína animal. En contraste, la incorporación de frutas y verduras es baja y alimentos andinos como la quinua, la cañahua, el tarwi y el amaranto presentan una frecuencia de consumo reducida o nula entre los grupos consultados.

“En los grupos consultados, arroz, papa, pan, aceite y huevo aparecen como alimentos recurrentes, mientras que quinua, cañahua, tarwi y amaranto presentan una frecuencia baja o nula en la dieta cotidiana”, explicó Claudia Arroyo, representante de la mesa de Canasta Básica Alimentaria del CMSA-LPZ.

La situación plantea un desafío para las políticas de seguridad alimentaria. Bolivia cuenta con alimentos de producción tradicional que pueden contribuir a diversificar la dieta, pero su disponibilidad en los mercados no garantiza por sí sola que las familias los incorporen regularmente a sus comidas.

El precio, los ingresos familiares, las costumbres culinarias, la facilidad de preparación y el tiempo disponible pueden influir en estas decisiones. Por ello, promover una alimentación más saludable requiere combinar educación nutricional con medidas que faciliten el acceso económico y físico a alimentos variados.

Comer fuera de casa: una respuesta a la falta de tiempo

Otro hallazgo relevante es que el consumo de alimentos fuera del hogar representa el 35,7% de la estructura de gasto alimentario analizada. Esta categoría comprende restaurantes populares, pensiones, mercados, puestos de comida y establecimientos similares.

Entre los adultos activos sin hijos consultados, el 73,4% indicó que almuerza fuera de casa al menos una vez por semana. Además, el 55,9% identificó la falta de tiempo como el principal motivo para hacerlo, mientras que el 52,9% señaló que compra comida preparada fuera del hogar por esa misma razón.

Estos porcentajes corresponden a indicadores específicos de ese grupo y no deben generalizarse automáticamente al conjunto de la población paceña.

Los resultados, no obstante, apuntan a una transformación de las rutinas alimentarias vinculada con las exigencias laborales y la organización de la vida urbana. Para parte de la población económicamente activa, comer fuera de casa no sería solamente una preferencia, sino también una solución práctica ante la falta de tiempo para cocinar.

Este comportamiento abre otra línea de análisis: la calidad nutricional, el precio y el tamaño de las porciones de los alimentos preparados que se ofrecen en mercados, pensiones y restaurantes populares.

La nueva canasta: Bs 25,88 diarios por persona

A partir del procesamiento de la información y de criterios nutricionales, el diagnóstico estima un costo de Bs 25,88 por persona al día para una canasta que cubra un requerimiento promedio de 2.100 kilocalorías diarias.

El cálculo equivale a aproximadamente Bs 776,40 por persona para un período de 30 días. Para una familia de cuatro integrantes, representaría Bs 3.105,60 mensuales, siempre que se multiplique el costo individual sin considerar economías de escala, diferencias de edad o necesidades nutricionales específicas.

La propuesta incorpora productos habituales y otros destinados a ampliar la diversidad alimentaria, entre ellos quinua, lentejas, tunta, habas, frutas, verduras, carnes, huevos y lácteos.

El objetivo es incrementar la participación de frutas, verduras, leguminosas y alimentos andinos, además de diversificar las fuentes de proteínas.

Esta propuesta no debe confundirse con el gasto efectivo de todos los hogares ni con un presupuesto que cubra la totalidad de sus necesidades. Es una estimación del costo de una canasta alimentaria bajo los criterios definidos por el estudio.

La canasta de referencia subió 68,4% desde 2016

El diagnóstico también actualiza el valor monetario de referencia de la Canasta Básica de Alimentos utilizando datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Según el documento, el valor de Bs 496,40 por persona al mes registrado en noviembre de 2016 fue actualizado mediante el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la Conurbación La Paz hasta marzo de 2026.

El resultado es Bs 836 mensuales por persona, un incremento nominal aproximado del 68,4% en casi una década.

La cifra permite dimensionar el encarecimiento acumulado reflejado por el indicador utilizado, pero debe interpretarse con precisión: se trata de una actualización monetaria de un valor de referencia, no necesariamente del gasto real que cada familia realiza actualmente en alimentos.

Tampoco debe confundirse con el costo de Bs 776,40 mensuales derivado de la nueva propuesta de canasta de 2.100 kilocalorías diarias. Ambos montos responden a metodologías y propósitos distintos, por lo que no son directamente intercambiables.

El desafío de convertir el diagnóstico en política pública

“Los resultados muestran que analizar la alimentación implica considerar no solo cuánto se gasta, sino también qué alimentos forman parte de la dieta cotidiana, cuáles están disponibles, cómo se distribuye el gasto y qué condiciones influyen en las decisiones de consumo”, afirmó Matilde Rada, coordinadora del CMSA-LPZ.

El diagnóstico combina información de la Encuesta de Presupuestos Familiares utilizada por el INE, las Guías Alimentarias para la Población Boliviana, grupos focales y encuestas a grupos específicos del municipio.

Sus resultados forman parte de la campaña “De La Olla a La Ley”, que busca promover una nueva Ley Municipal de Seguridad Alimentaria en un contexto de incertidumbre económica, fluctuaciones de precios y dificultades de disponibilidad y acceso a los alimentos.

La discusión central es cómo traducir los hallazgos en acciones concretas: facilitar el acceso a productos frescos, promover el consumo de alimentos tradicionales, mejorar la información nutricional, fortalecer los mercados de proximidad y generar condiciones para que las familias puedan preparar comidas variadas sin comprometer una parte excesiva de sus ingresos.

El desafío institucional consiste en que la seguridad alimentaria no se limite a garantizar que haya productos en los mercados. También debe considerar si las familias pueden pagarlos y si esos alimentos contribuyen a una dieta suficiente, diversa y saludable.

El problema no es solamente cuánto cuesta comer

El diagnóstico del CMSA-LPZ expone tres dimensiones de la alimentación urbana: el peso económico de las carnes, la presencia de gaseosas entre los productos individuales analizados y la limitada participación de frutas y verduras en el gasto.

A ello se suma la importancia de la comida fuera del hogar, vinculada en parte con la falta de tiempo, y la necesidad de actualizar los instrumentos municipales de planificación alimentaria.

La principal advertencia es que el gasto alimentario no siempre se traduce en diversidad nutricional. Una familia puede destinar recursos importantes a la alimentación y, aun así, enfrentar dificultades para incorporar suficientes frutas, verduras y otros productos esenciales a su dieta.

La futura política municipal tendrá que responder a esa brecha con información verificable, indicadores de seguimiento y medidas que combinen acceso económico, disponibilidad de alimentos y educación nutricional.

El diagnóstico estará disponible desde el 16 de octubre de 2026 en el sitio web del Comité Municipal de Seguridad Alimentaria de La Paz: https://cmsa-lpz.bo.

Fuente: Comité Municipal de Seguridad Alimentaria de La Paz (CMSA-LPZ)

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