Desde la última y anulada elección que derivó en la salida de Evo Morales y la toma del mando transitorio del país por parte de Jeanine Áñez, la batalla no ha parado. Sin embargo, bien se puede asegurar que sí hubo cambio de motivación y de roles entre los principales protagonistas por hacerse con el poder.

Entre noviembre y febrero, los demócratas con Jeanine Áñez encararon a los del Movimiento Al Socialismo (MAS) con el relato del abuso de poder que cometieron en sus 14 años de ejercicio de poder y el fraude electoral constatado por una comisión de expertos de la Organización de Estados Americanos (OEA). A su vez, Morales y otros representantes masistas apelaron al argumento de un golpe.
Hasta ahí habrá que señalar que también tuvieron rol destacado Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho, Jorge Quiroga en la lucha política, incluso se sumaron con sus respectivas candidaturas para pelear la presidencia. Pero en marzo, llega el letal coronavirus e impone un nuevo escenario y obliga a reconfigurar la motivación política y los protagonistas. Ya no es golpe y elecciones, ahora es la lucha por la salud y la vida, por la pandemia.
Jeanine Áñez, por ser la mandataria, acapara la escena como la principal protagonista y desarrolla, como tendría que ser, la idea de que la salud y la vida de los bolivianos deben relegar a la política y la economía. Algo en lo que, no hay duda, coincide la mayoría, lo cual deja en absoluta ventaja a Áñez, que emprende su gestión contra el enemigo invisible que amenaza a todos y urge la necesidad de la unidad.
Sin querer o queriendo, desaparecen del escenario los demás candidatos opositores, que se ven sin protagonismo y obligados a obedecer el liderazgo de la presidente, que ya logró cohesión social para enfrentar el Covid 19.
En dos meses, ella impulsa su plan con la declaratoria de emergencia sanitaria (cuarentena). Conforma su equipo de científicos, equipa hospitales e impone su modelo de salud. Luego avanza hacia lo económico, incorporando los bonos para la gente y el programa de empleos para empresas. No hay duda que consolida su liderazgo por encima de los del MAS y opositores, que solo pudieron hacer de analistas y críticos (Mesa) del Gobierno transitorio y a Camacho a entregar raciones alimentarias solidarias.

La aprobación de la ley de elecciones en 90 días, que ha desatado tensiones con cohetazos y bloqueos, especialmente en reductos del expresidente Morales, el MAS busca retomar la lucha por el poder, pero sin darse cuenta que el país ya no vive en noviembre y diciembre, pues los electores por ahora solo están interesados en superar el miedo que impone el virus.
Evo Morales, Luis Arce y demás líderes masistas ya no tienen un rol protagónico en la escena nacional, perdieron el espacio del Ejecutivo y por ende no tienen posibilidades del manejo de las emociones. La lucha contra la pandemia, el cuidado de la familia y la reactivación de la economía, ya son asuntos de Jeanine Áñez, que una vez más, en los seis meses de su mandato, tendrá que afrontar una nueva batalla por acelerar las elecciones presentada desde el Legislativo.
No hay duda que se acerca cada vez más la gran batalla en las urnas, pero antes nos alistamos a presenciar si el liderazgo de Áñez puede convencer e imponer el relato de que aún es tiempo de priorizar la vida y la salud y dar paso a la reactivación económica por encima de la pugna de poder (elecciones en agosto) que plantea el MAS.