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COVID-19: impacto económico es impredecible, pero puede atenuarse

Preocupa la salvación de las empresas generadoras de empleos, así evitar su cierre y la aparición de un ejército de desocupados. En un país pobre, como Bolivia, la cuarentena general es una medida adecuada, pero ahora no debe deteriorar más y llevar a la bancarrota al sector empresarial y hundir la economía.

La magnitud de la pérdida de vidas y de fuentes de trabajo, aquí y ahora, es un enigma gigantesco que ni un cientista económico ni un empresario está en condiciones de pronosticar. La crisis global y sistémica que se avecina está en función de las medidas preventivas que puedan tomarse o no, desde los gobiernos.

En Estados Unidos, la primera potencia del planeta, el Departamento del Trabajo dio a conocer este jueves que 6,64 millones de trabajadores presentaron solicitudes de ayudas por desempleo la semana pasada.

La Administración de Pequeños Negocios y el Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos comenzaron a publicar esta semana los detalles de cómo funcionarán algunos de los programas de asistencia a los trabajadores y las pequeñas empresas que se están viendo afectados por la pandemia del coronavirus.

Después de que el presidente Donald Trump firmó la Ley de Alivio por Coronavirus y Seguridad Económica (Cares), ambas entidades, junto al Departamento del Tesoro, están trabajando en una movilización de bancos para proveer los recursos que los pequeños empresarios y trabajadores necesitan.

La Ley Cares incluye un programa de Protección del Empleo, que cuenta con un presupuesto de 349.000 millones de dólares, el cual le permitirá a las pequeñas empresas mantener a sus empleados a pesar del golpe que la pandemia pueda haber ocasionado a sus finanzas.

Jovita Carranza, directora de la Administración de Pequeños Negocios, SBA, dijo: “Estamos comprometidos en apoyar a los 30 millones de pequeños negocios del país y a sus empleados, para que puedan seguir siendo el combustible del motor de la economía estadounidense”.

La Ley Cares provee préstamos para cubrir hasta ocho semanas de planillas y ciertos gastos administrativos relacionados con los empleados. Carranza explicó que esperan tener este programa funcionando el viernes 3 de abril, para que los empresarios puedan ir a los bancos participantes, llenar su solicitud y recibir una respuesta el mismo día.

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América tiene un pie en la fase dos de la pandemia y otro en la fase tres. Estados Unidos, con más de 215.000 contagios, añade miles de casos cada día. El país ha superado este miércoles los 5.000 muertos y es el foco rojo mundial de la pandemia. El grupo de trabajo para contener el virus ha calculado que entre 100.00 y 240.000 personas morirán en el país.

En México, se amplió la suspensión de actividades no esenciales hasta el 30 de abril, incluyendo al sector privado. El país sumó el miércoles nueve fallecidos más y cuenta con 1.378 contagios confirmados y 37 muertos.

En Sudamérica, Brasil sigue acaparando la atención del resto del continente por la velocidad y el peligro de protestas por lo que se aprobó una renta básica de 114 dólares para los más pobres. En Chile, Ecuador y República Dominicana, los contagios aumentan cada vez más rápido, el primero en la frontera de los 2.700 casos, el segundo en la de los 2.300 y el tercero en la de los 1.000, pero con una tasa de mortalidad en torno al 5%. Buena parte de los países de la región viven bajo algún tipo de cuarentena o toque de queda.

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IBCE:La tormenta perfecta en Bolivia”

La lectura del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), a través de su gerente general Gary Rodríguez, es dramática. “Lo cierto es que Bolivia está en medio de una tormenta perfecta, se está reflejando en la caída de bolsas de valores y de productos, con un precio del petróleo en la tercera parte de lo que estaba a inicios de año; los precios de los minerales igualmente deprimidos, con un comercio internacional que no está de ninguna forma normal, de ninguna manera”, sostuvo.

Lo principal, dice Rodríguez, es la cuarentena que ha inmovilizado a la economía, y si bien son valorables los esfuerzos del Gobierno para que la demanda interna agregada no disminuya tanto, “también tenemos problemas desde el sector externo”.

Subraya en que entendamos que no sólo se van a perder miles de empleos y haya que cuidar la demanda, atendiendo los ingresos de las familias más desfavorecidas, sino la oferta del sector empresarial para que (ésta) siga invirtiendo, produciendo, exportando y abasteciendo el mercado con bienes y servicios “de tal manera que las dos medidas: 1) atender la demanda y que no decaiga, y  2) las mayores facilidades a la oferta sin desatender al mismo tiempo la salud porque junto a la economía, son simbióticas”.

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Identificó a sectores sensibles a la crisis desatada por el COVID-19 como el turismo, el comercio interno y exterior, los servicios de hotelería, transporte, gastronomía, diversión, movimiento de mercaderías y líneas aéreas.

Rodríguez planteó desafíos que el sector empresarial debe afrontar como no disminuir la inversión, avanzar en esquemas de innovación en la mejora de productividad y competitividad, pero en este punto demandó que el Estado dé las condiciones de flexibilización en el campo tributario, laboral y financiero – crediticio.

CNI: “No morirse de hambre”

Ibo Blazicevic presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), remarcó: “Hay que evitar morirse de hambre y asfixiar el aparato productivo. Las medidas de salud pública en Bolivia han sido las adecuadas para contener el avance de la pandemia, pero las condiciones son otras después del 15 y hay que trabajar progresiva y selectivamente dependiendo cómo viene la pandemia. El líder expresa su preocupación por el escenario de Bolivia ante la situación empresarial difícil por la cuarentena generalizada. “Es desafortunada la pandemia. Creemos que la salud es lo primero, hay que puntualizar ese hecho; sin embargo hay que recordar que las empresas estuvieron paradas por los sucesos de octubre de 2019 y ahora ya vamos a cumplir 12 días más de paro; sin duda la preocupación es importante”.

Pero, según el líder empresarial, también es preocupante no sólo saber que de aquí a 13 días se volverá a trabajar con normalidad, sino la información de que los países que han tenido contagios de COVID-19 antes que Bolivia y naciones que llevan 100 días de tomar medidas extremas (como aislamiento social y cuarentena); se observan curvas de personas infectadas que no declinan, sino que siguen creciendo. “Uno se preocupa mucho más porque parecería que el problema no va a acabar pronto y tenemos para por lo menos 4 o 5 meses más. Y sabe Dios que irá a suceder”, comenta Blazicevic.

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A excepción de la industria esencial ligada a los alimentos básicos en Bolivia, la farmaceútica o química; el resto está parada enfatiza Blazicevic. Cifra en 1.300 las industrias de la base empresarial del país que están trabajando en la actualidad, de acuerdo a estadísticas institucionales y registros de Fundempresa. “Esas empresas son importantes, pero si observamos que en toda Bolivia empresarialmente hay 330.000, y de ahí 35.000 son industrias, y que sólo 1.300 estén trabajando; le puedo decir que tenemos casi 30 mil fábricas paradas”, calculó. Y Blazicevic prosiguió detallando que “la mayor preocupación” es que sólo el 2%, que deben ser 60, son grandes empresas que tienen la ‘espalda’ y pueden aguantar la situación (multinacionales, etc) mientras que el resto son pequeñas empresas o pymes que no pueden soportar esta crisis.

Por esto, en su análisis para paliar o minimizar los daños y frenar los desempleos y cierre de empresas “de la noche a la mañana”, pidió que el Gobierno (Ministerios de Economía, de Desarrollo Productivo y de Planificación del Desarrollo) otorguen condiciones como revisar la carga impositiva y líneas de crédito a los empresarios grandes, medianos y chicos, con, por lo menos, seis meses de gracia; créditos para el pago de planillas o créditos rápidos de consumo para los asalariados para poder reactivar el consumo y la demanda en Bolivia.  Propuso que el Compro Boliviano sea una política de Estado, crear un fondo de estabilidad productiva nacional (como lo hizo Europa con 100.000 millones de euros) para salvar el empleo y que las empresas no quiebren, entre otros puntos. (El País, CNN y VOA)

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