Claro que tenemos derecho a disentir, a oponernos a lo que decida, e incluso hasta denunciar los supuestos excesos de ejercicio “del poder cívico”, más aún ahora que entre algunos de sus aportes al país –quieran o no- fue contribuir, y acaso dirigir, para restituir a plenitud para todas y para todos, los derechos democráticos civiles y políticos que legítimamente corresponden a la sociedad civil y se devuelvan sus facultades naturales a los distintos poderes del Estado, entre otras buenas noticias.
Pero nadie puede quitarle el derecho a renunciar al Comité Cívico y el derecho bien ganado a buscar una postulación presidencial.

Hay que recordar, tener presente y no olvidarse que en los últimos 70 años, desde las sacrificadas jornadas de las luchas cívicas por las regalías petroleras, no hubo una causa y un líder cívico cruceño que combine capacidad y aprovechamiento de la oportunidad para proyectar los límites de los intereses generales regionales al nivel nacional, y acaso internacional.
Obviamente, en el imaginario popular, en el conciente analítico y en la realidad objetiva, se disputó y se venció a la vieja y retrógrada hegemonía andino céntrica, con propuestas actuales democráticas por esencia, nacionales por extensión territorial, incluyentes por los actores sociales beneficiados, unificadoras por la dimensión integracionista del ser sociocultural nacional, modernas por los desafíos que impone el periodo histórico actual, globalizante por los objetivos de alcanzar y ser parte del modelo genérico de las democracias occidentales institucionalizadas, prósperas y con miradas del presente hacia el futuro, entre otras características.

La superación de la hegemonía política andino céntrica, cualquiera que sea su forma de presentación: neoliberal, estatista, socialista, comunitarista, etc., impone antes de todo lo demás, fortalecer por la vía de la práctica el viejo paradigma de la unidad nacional y complementariedad entre Oriente y occidente que ya fue señalado en el Memorándum de 1904, por cruceños visionarios que entendieron lo nefasto que representaba para el país mantener una organización estatal, una asignación de recursos públicos y una visión programática orientada a la economía primaria, con enclave de campamento minero, mono productiva y con rezagos tecnológicos y de competitividad en los campos agropecuarios e industriales.
En este contexto de realidades y desafíos, habrá que situarse para tratar de entender que el ex presidente cívico Luis Fernando Camacho, por voluntad propia, ha dejado la comodidad cívica que pudo disfrutar un año más después de ser uno de los principales protagonistas de la caída de Evo Morales.

Lo demás, lo que luego viene, son desafíos a responder en su momento con el apoyo de la previsión, la planificación y la formación de equipos idóneos y calificados que decantar a saltarines y oportunistas que siempre hay en todos lados y siempre los hubo en todos los tiempos.