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Goni reaparece y pide aprender del 21060: liderazgo firme y concertador, libertad económica y protección a los más vulnerables

La reaparición pública de Gonzalo Sánchez de Lozada, a sus 95 años y desde su prolongado exilio en Estados Unidos, no pasó desapercibida. Eligió una fecha cargada de simbolismo: los 40 años del Decreto Supremo 21060, la medida económica que en 1985 redefinió el rumbo de Bolivia con un giro liberal, abrupto y doloroso. A cuatro décadas de aquel viraje, “Goni” vuelve a la escena política mediante un texto en el que reivindica los logros de esa reforma y sugiere que, ante la crisis actual, el país debería rescatar lecciones de ese pasado.

El eco de un país al borde del colapso

En su escrito, Sánchez de Lozada evocó la célebre frase de Víctor Paz Estenssoro: “Bolivia se nos muere”. En 1985, la inflación desbordada, el desplome del estaño y la crisis del modelo estatista habían colocado al país en una situación límite. Hoy, sostiene el exmandatario, la amenaza es comparable: los ingresos del gas —principal fuente de riqueza nacional durante dos décadas— se agotaron, no por un shock externo, sino por lo que calificó como “uno de los mayores crímenes económicos de la historia: despilfarraron la renta gasífera sin invertir en nuevas reservas”.

Los pilares del 21060 y su legado contradictorio

Goni repasó los componentes de aquel decreto: liberalización de precios, disciplina fiscal, eliminación de subsidios insostenibles, cierre de empresas estatales deficitarias, apertura a la inversión privada y creación de mecanismos compensatorios como el Fondo Social de Emergencia. En su visión, estas medidas estabilizaron la economía, evitaron el colapso del Estado y sentaron las bases para una modernización posterior.

Sin embargo, el recuerdo histórico es más complejo. El costo social fue alto: despidos masivos en la minería, migración forzada hacia ciudades y el oriente boliviano, debilitamiento de la clase obrera y surgimiento de nuevos movimientos sociales que, años después, serían protagonistas de la resistencia contra el propio Sánchez de Lozada. La estabilización macroeconómica se logró, pero la fractura social quedó abierta.

El paralelismo con 2025

El exmandatario advierte que Bolivia atraviesa una crisis distinta, pero igual de peligrosa. Si en 1985 la causa fue externa, hoy se trata de un desgaste interno: falta de inversión, polarización política, desconfianza en las instituciones y un Estado hipertrofiado que no logra sostener sus compromisos sociales. En ese marco, propone una fórmula que combina “liderazgo firme y concertador, mayor libertad económica, protección a los más vulnerables y búsqueda de unidad nacional”.

La paradoja de la voz que vuelve

Resulta inevitable el contraste entre su reivindicación del pasado y el desenlace de su segundo mandato en 2003, cuando la presión social y la violencia en torno al gasoducto al Pacífico lo obligaron a renunciar y abandonar el país. Para muchos sectores, Sánchez de Lozada representa el fracaso de la política pactada y la herida abierta de Octubre Negro. Su palabra, por tanto, carga un peso simbólico: es recordatorio de un pasado que divide, pero también testimonio de una experiencia que intenta reposicionarse en un contexto de incertidumbre.

¿Aprender o repetir?

El regreso discursivo de Goni interpela al debate nacional. Su propuesta de un liderazgo que combine firmeza y concertación resuena en un país fragmentado por la división política, regional y étnica. Sin embargo, la evocación del 21060 no puede escapar al juicio histórico: las medidas estabilizaron la economía, pero no resolvieron las desigualdades ni la exclusión que, con el tiempo, alimentaron el ascenso del populismo y el autoritarismo que hoy él mismo critica.

El desafío, entonces, no es replicar el 21060, sino aprender de sus lecciones: que la disciplina económica es indispensable, pero también lo es la construcción de consensos sociales duraderos y políticas que integren a todos los sectores. En palabras de Sánchez de Lozada, “las noticias duras deben darse de una sola vez”. El reto pendiente es que las soluciones no vuelvan a ser solo económicas, sino también sociales y políticas, para evitar que la historia de Bolivia se repita como una sucesión de crisis y rupturas.

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