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martes, septiembre 21, 2021
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Crónica de un avasallamiento anunciado

Por Jorge Landívar Roca

Con beneplácito han sido recibidas las declaraciones del Gobernador cruceño en sentido de dar prioridad al tratamiento de la ocupación de tierras en este departamento (Santa Cruz) que padece de una inmisericorde tropelía por parte de personas que migran del interior del país.

Algunos llegan en busca de fuentes de trabajo otros, incentivados políticamente, usurpan y se apropian ilegalmente de tierras de esta región. La autoridad departamental en procura de resolver esta caótica situación, ha anunciado que establecerá una “Comisión Agraria Departamental” encargada de frenar los abusos y desatinos de este apoderamiento.

Se entiende que la migración es un componente de la dinámica de las poblaciones estimulada por diversos factores; en el caso de nuestro país es debido a insuficiencias estructurales del desarrollo, desigualdades económicas, condiciones de pobreza de amplios sectores, falta de oportunidades laborales y en general por la escasa visión de los gobernantes de turno que no se han preocupado en forjar soluciones.

Este desplazamiento de personas compromete la identidad social y cultural de varias regiones. Se conoce que la identidad es una construcción social, como social es su preservación. Y su evolución se realiza a través de un doble proceso de identificación y de diferenciación de parte de un conjunto de ciudadanos con características propias a través de la auto-identificación a la que concurren costumbres, tradiciones, símbolos y particularmente la memoria histórica del colectivo social; ello posibilita la creación de un “nosotros”, aspecto este último que es preciso asumir y proteger debidamente. Lamentablemente poco se está haciendo para defender la identidad cultural y mucho menos el sentido de pertenencia.

Sin duda, este masivo traslado de comunidades enteras desde el interior del país está afectando la identidad cultural de los ciudadanos de estas tierras. Aún más, cuando este flujo humano sale de su hábitat e ingresa al ajeno de manera cerril, provocando efectos traumáticos en el entorno social al afectar sus costumbres e ir infligiendo características diferentes a la forma de vida que poseen, toda vez que los migrantes irrespetan las inherentes al lugar donde se asientan. Con el pasar del tiempo la toma y ocupación de tierras se va consolidando por la imposición de costumbres y tradiciones que no son propias del lugar.

Lo que hoy se observa invita a parodiar la novela clásica de García Márquez: “Crónica de una muerte anunciada”, en la que la fatalidad domina el relato, dado que expone con anticipación como se consumaría un asesinato. Se trata de la interpretación de un suceso donde se utiliza la interrelación de un hecho del pasado con uno actual. El anuncio del crimen al final se vuelve tan público que se torna inevitable.

Con esta nota pretendo evocar circunstancias del pasado, más propiamente las electorales de 2005, en la que los diferentes partidos políticos presentaron sus programas de gobierno ante el órgano electoral, propuestas que los ciudadanos no repararon en sus contenidos y alcances.

Por el tema que nos ocupa me refiero particularmente al Programa de Gobierno del MAS, documento que empieza con un decálogo para continuar luego con algunas consideraciones ideológicas como fundamentos de su estrategia de acción, para luego exponer la parte doctrinal de su oferta: “Territorio, Soberanía y Vida; la sociedad que construiremos”, que explica conceptualmente el “vivir bien y la soberanía de todos los bolivianos”, manifestando que para lograr este propósito necesariamente “se debe recuperar el territorio”, haciendo prevalecer el derecho consuetudinario, es decir, el derecho de apoderamiento, con o sin títulos de pertenencia.

La plataforma electoral masista establece en su plan de acción política y de gobierno un conjunto de argumentos, entre ellos, que “frente al acaparamiento de tierras por parte de terratenientes, se debe anular la Ley INRA y en su lugar crear una Ley de Tierra y Territorio, que les permita organizarse para tomar latifundios improductivos, ocupar tierras que se encuentran en manos de capitalistas usurpadores y extranjeros”, para que todos los sin tierra tengan tierras cultivables suficientes. “Para consolidar las comunidades proponen fortalecer su presencia en el territorio llevando adelante la ocupación territorial en nuevas tierras y tierras ociosas con nuevos asentamientos humanos”.

En el aspecto cultural, el programa masista señala que se deben mantener y ampliar las tierras comunales de modo que “los espacios ocupados sean parte del territorio de la comunidad de origen”, para ello se deberá mantener un estrecho contacto entre las nuevas tierras ocupadas y las comunidades y lugares de origen, de modo que los nuevos asentamientos fortalezcan la recuperación de la organización comunal y el respeto a los usos y costumbres y a las autoridades propias.

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