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Santa Cruz de la Sierra

¿EN QUÉ FALLÓ EL MODELO MASISTA?

Por Jorge landívar Roca

El modelo masista es un tema complejo y multifacético. El movimiento al Socialismo, en sus inicios, aparece en la arena política a partir de 1987, con la compra de la sigla a un grupo de izquierda de la Falange Socialista Boliviana (FSB) que, liderado por David Añez Pedraza, un exdiputado de izquierdista de FSB, registró esta organización en esa época; creando el “Movimiento al Socialismo-Unzaguista”. Luego en 1990, el MAS emerge como un instrumento político de cocaleros, junto a otros movimientos sociales, liderados por Morales. Evo, quien se había unido a la lucha cocalera en la década de 1980, tuvo un compromiso inicial con la defensa de los cocaleros y los pueblos indígenas. Su ideología, evolucionó luego, hacia un socialismo más dogmático.

Tiempo después, en 1995, el MAS-Unzaguista, se fusionó con otras organizaciones sociales incluyendo al Instrumento de Soberanía Popular y a la Confederación de trabajadores del Trópico Cochabambino, cuyo líder era Evo Morales quien más tarde, en 1997, se convirtió en su jefe y cambió el nombre a “Movimiento al Socialismo”, (MAS) y utilizó esta sigla para participar en las elecciones nacionales. La compra de la sigla fue necesaria para obtener la personería jurídica y participar en los comicios generales y más adelante, en 2005, hacerse del poder, circunstancia ésta, en que alcanzó el poder gracias a un movimiento social y político que buscaba cambios radicales en la estructura económica y social del país. Morales implementó políticas para nacionalizar sectores clave de la economía, como los hidrocarburos, y promover la inclusión social y cultural de los pueblos indígenas.
Sin embargo, el fracaso del modelo masista no puede explicarse por una sola causa, sino por la convergencia de errores políticos, económicos, institucionales y éticos que se profundizaron con el paso del tiempo. Uno de los principales errores fue la excesiva centralización del poder en la figura de Evo Morales. El control casi absoluto del Ejecutivo sobre los demás órganos del Estado debilitó la democracia, erosionó la independencia institucional y derivó en prácticas autoritarias, especialmente visibles en: la manipulación de la justicia; el desconocimiento del referéndum del 21F; la reelección forzada en 2019 mediante interpretaciones jurídicas cuestionables. Todo ello, terminó rompiendo el pacto democrático y generando una grave crisis política.
El MAS, sustituyó progresivamente el proyecto transformador inicial por un sistema de lealtades políticas basado en: el clientelismo, el nepotismo, las coimas y la extorsión, así como el uso político de empresas estatales. La corrupción dejó de ser un fenómeno aislado y se convirtió en un mecanismo funcional del poder, afectando la credibilidad del Estado y dilapidando recursos públicos.
Aunque el discurso reivindicaba a la Pachamama, en la práctica el MAS profundizó un extractivismo irracional, basado casi exclusivamente en: los hidrocarburos y la minería
La economía no se diversificó ni se construyó una base productiva sólida. El país quedó vulnerable a los precios internacionales, sin industria, sin innovación y sin una política real de desarrollo sostenible. Durante los años de los precios altos del gas, el gobierno contó con recursos históricos. Sin embargo: no se transformó la matriz productiva, no se fortaleció la educación superior ni la formación técnica, la inversión en salud y educación fue insuficiente y mal gestionada. El resultado fue un país con infraestructura visible, pero sin capital humano capacitado, ni sostenibilidad.
Los Bonos, como el Juancito Pinto o la Renta Dignidad ayudaron a aliviar la pobreza, pero carecieron de evaluación estructural; fueron utilizados como herramientas de fidelización política y no estuvieron acompañados de políticas de empleo ni productividad. Esto generó dependencia del Estado en lugar de movilidad social real.
Paradójicamente, el “gobierno de los movimientos sociales” terminó reprimiendo protestas, enfrentando a indígenas contra indígenas y criminalizando las disidencias. En otras palabras: el MAS dejó de canalizar demandas sociales y pasó a administrarlas desde el poder.
La adopción acrítica del Socialismo del Siglo XXI, impulsado por Hugo Chávez y el Foro de São Paulo, ignoró: la realidad económica boliviana, la diversidad social y regional del país, las limitaciones institucionales del Estado. Intentaron imponer un modelo ideológico antes que construir uno viable, lo que terminó en desgaste y colapso.
De modo que, el modelo masista falló porque traicionó su promesa original.
Dejó de ser un proyecto de inclusión y cambio estructural para convertirse en: un sistema de poder concentrado, dependiente del extractivismo, sostenido por clientelismo y deslegitimado por la corrupción. El resultado fue una crisis económica, institucional y moral, y una profunda decepción social.

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