En un contexto de alta tensión logística y fiscal, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) descargó 100 camiones cisterna adicionales con diésel y gasolina de importación en Santa Cruz de la Sierra, reforzando el abastecimiento en las plantas ALCASA, DISCAR y YPFB Logística S.A.
Entre el 20 y el 23 de febrero, la estatal acumuló la descarga de más de 300 cisternas, en una operación que revela no solo un esfuerzo operativo extraordinario, sino también una señal clara de la fragilidad estructural del mercado interno de combustibles.
“El objetivo es no bajar los días de autonomía para el abastecimiento del país”, explicó Carlos Cuéllar Pinto, gerente de Productos Derivados e Industrializados. La frase es clave: Bolivia depende crecientemente de la importación para sostener su consumo interno, lo que convierte cada cisterna en un eslabón crítico de estabilidad económica.
Dependencia importadora y presión fiscal
La importación de diésel y gasolina implica una doble presión. Por un lado, exige disponibilidad de divisas en un momento en que las reservas internacionales han enfrentado ciclos de reducción en los últimos años. Por otro, sostiene un esquema de subvención que históricamente ha representado uno de los mayores gastos fiscales del Estado.
Cada incremento en la descarga de cisternas no solo amplía la oferta física de combustible; también expone la magnitud del esfuerzo financiero necesario para evitar desabastecimientos, filas y distorsiones de precios.
El hecho de que YPFB habilite tanques adicionales y realice adecuaciones logísticas operativas evidencia que el desafío no es coyuntural. Se trata de un ajuste estructural para administrar volúmenes crecientes de producto importado.
Santa Cruz como nodo estratégico
Que las descargas se concentren en Santa Cruz no es casualidad. La región es el principal motor agroindustrial del país y el mayor consumidor de diésel para actividades productivas, transporte y logística. Garantizar combustible en este eje significa preservar el flujo de exportaciones, cosechas y cadenas de distribución.
Sin embargo, el aumento sostenido de importaciones abre interrogantes de fondo: ¿hasta qué punto es sostenible el actual modelo energético? ¿Puede la economía boliviana sostener indefinidamente altos niveles de subsidio en un entorno de restricción externa?
El dilema de fondo
El movimiento de 100 cisternas adicionales es una noticia operativa positiva en términos de abastecimiento inmediato. Pero, en clave económica, es también un síntoma: la producción nacional de líquidos ya no cubre la demanda interna y obliga a rediseñar la política energética.
Mantener los “días de autonomía” es hoy una prioridad logística. El desafío de fondo, sin embargo, es recuperar capacidad productiva, optimizar el uso de combustibles y reducir la vulnerabilidad externa.
Las cisternas descargan combustible. Pero también descargan una señal clara sobre el estado real del modelo energético boliviano.