Hay capítulos de la historia hidrocarburífera de Bolivia que no pueden entenderse sin mirar la relación energética con Brasil. Y dentro de esa historia, Petrobras ocupa un lugar central. Desde su llegada al país en 1996, la petrolera brasileña no solo participó en la exploración y producción de gas natural; también estuvo vinculada a algunas de las inversiones, obras de infraestructura y descubrimientos que cambiaron la dimensión de la industria hidrocarburífera boliviana.
La llegada de Petrobras coincidió con un momento decisivo. En agosto de 1996, YPFB y Petrobras suscribieron un contrato de compraventa de gas natural que, junto con la construcción del Gasoducto Bolivia-Brasil (Gasbol), abrió una nueva etapa para la integración energética entre ambos países. La propia Petrobras sostiene que ese proceso permitió atraer inversión extranjera y viabilizar el crecimiento del sector gasífero boliviano.
San Alberto: el comienzo de una nueva era
Petrobras asumió en 1996 las operaciones del campo San Alberto, en Tarija, uno de los grandes activos gasíferos de Bolivia. Dos años después, en 1998, la perforación del pozo SAL-10 confirmó la existencia de importantes reservas de gas natural.
El desarrollo de San Alberto implicó mucho más que la perforación de pozos. Petrobras reporta que en este megacampo se perforaron 14 pozos, se construyó una planta de procesamiento de gas y se instaló un sistema de compresión.
El impacto de estos proyectos debe ser entendido en el contexto de una Bolivia que comenzaba a construir su condición de proveedor energético regional. El gas descubierto y desarrollado en el sur del país encontraba un mercado estratégico en Brasil, convirtiendo al sector hidrocarburífero en uno de los principales motores de la economía nacional.
Gasbol: la infraestructura que conectó dos mercados
Uno de los mayores hitos de esta historia fue el Gasoducto Bolivia-Brasil. Su construcción comenzó en 1997 y entró en operación en 1999. Petrobras financió el tramo boliviano con cerca de 400 millones de dólares. La obra permitió conectar la producción boliviana con el enorme mercado brasileño y convirtió al gas natural en el eje de una relación energética de largo plazo entre ambos países.
En términos históricos, Gasbol representa mucho más que un ducto. Es la infraestructura que hizo posible transformar las reservas de gas bolivianas en ingresos, exportaciones y divisas. Sin esa conexión con Brasil, el desarrollo de los grandes campos del sur habría enfrentado un mercado mucho más limitado.
San Antonio y Sábalo: el segundo gran salto
En 1999 Petrobras perforó el pozo Sábalo X-1 en el campo San Antonio. Posteriormente se perforaron otros 11 pozos, convirtiendo a este campo en uno de los grandes productores de gas del país.
San Alberto y San Antonio pasaron así a constituirse en dos de los principales pilares de la producción gasífera boliviana. El período posterior demuestra la magnitud que alcanzó Petrobras. Según información oficial de la compañía, entre 2003 y 2014 su producción representó más del 50% de la producción nacional de gas durante 12 años, mientras que entre 2007 y 2014 llegó a representar alrededor del 60% del total producido por Bolivia.

Ese dato permite dimensionar la importancia histórica de la empresa: Petrobras no fue simplemente una operadora extranjera más dentro del sector. Durante una etapa fundamental del auge gasífero boliviano, estuvo entre los principales actores de la producción nacional.
De la exploración a una cadena energética integrada
La participación de Petrobras tampoco se limitó al upstream. La empresa ingresó al segmento de refinación y distribución, ampliando su presencia en la cadena hidrocarburífera. En 1999 asumió operaciones en las refinerías Guillermo Elder Bell, de Santa Cruz, y Gualberto Villarroel, de Cochabamba. Petrobras reporta que destinó 101 millones de dólares a ese proceso, incorporando tecnología y métodos de gestión y ampliando la oferta de carburantes.
Posteriormente, desde 2001, ingresó a la distribución de combustibles. La compañía llegó a operar una red de 104 estaciones de servicio bajo las marcas Petrobras, EBR y bandera blanca.
Es decir, la relación Petrobras-Bolivia abarcó exploración, producción, transporte, compresión, refinación, distribución y comercialización. Esa característica explica por qué su presencia tuvo un impacto considerable en la estructura de la industria energética nacional.
La inversión como medida de la magnitud
Quizá el dato más importante para evaluar esta relación sea el volumen de capital movilizado. Entre 1996 y 2024, Petrobras asegura que las inversiones directas e indirectas destinadas al desarrollo de los activos que operó en Bolivia superaron los 3.600 millones de dólares. De ese monto, la inversión directa de Petrobras fue superior a 1.800 millones de dólares. Los recursos estuvieron destinados a exploración y producción, refinación y distribución, transporte y compresión de gas y la construcción del tramo boliviano del Gasbol.
Estas cifras colocan a Petrobras entre los grandes inversionistas extranjeros que participaron en la historia contemporánea de los hidrocarburos bolivianos. Pero la inversión no terminó en la primera etapa de explotación. En 2016 entró en funcionamiento el sistema de compresión SAL-ITU, con una inversión de 156,6 millones de dólares. La obra generó 1.170 empleos directos, de los cuales, según Petrobras, el 75% correspondió a personas de comunidades próximas al bloque.
Tres años después, en 2019, se puso en marcha el sistema de compresión del bloque San Antonio, con una inversión de 121 millones de dólares y 1.566 empleos directos generados durante el proyecto.
Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca
La presencia de Petrobras también muestra la amplitud geográfica de la industria hidrocarburífera. Actualmente, la compañía señala que opera los bloques San Alberto, San Antonio e Itaú y el área exploratoria San Telmo Norte, en Tarija. En Santa Cruz opera los campos Colpa y Caranda, estos últimos en proceso de devolución a YPFB. También tiene participación en el área exploratoria Astillero, en Tarija, y en el campo Monteagudo, en Chuquisaca, además de participación en la planta de compresión de Río Grande, en Santa Cruz.
Esta distribución demuestra que la actividad petrolera asociada a Petrobras tuvo presencia en tres departamentos estratégicos para la producción y el procesamiento de hidrocarburos.
Un ciclo que cambió de dimensión
Los números también muestran que la producción actual ya no tiene la dimensión de los años del auge gasífero. La brasileña reporta que sus campos operados produjeron, en promedio, 9,01 millones de metros cúbicos diarios de gas en 2023 y 7,8 millones de metros cúbicos diarios en 2024. La tendencia refleja el proceso de maduración y declinación de algunos de los grandes campos que durante años sostuvieron buena parte de las exportaciones bolivianas. Y aquí aparece una de las grandes preguntas del presente: ¿cómo reemplazar la producción que durante décadas provino de los grandes campos descubiertos y desarrollados durante el ciclo de expansión gasífera?
La respuesta necesariamente pasa por nuevas inversiones en exploración, recuperación de reservas existentes, tecnología, infraestructura y reglas capaces de atraer capital de largo plazo.
La lección de Petrobras
La historia de Petrobras en Bolivia deja una lección que trasciende a una empresa. El desarrollo hidrocarburífero requiere tres elementos que deben avanzar simultáneamente: reservas, inversión e infraestructura.
Bolivia tuvo reservas. Petrobras y otras compañías aportaron capital y tecnología. Y el Gasbol permitió conectar esa producción con un mercado estratégico.
El resultado fue una de las etapas de mayor expansión de la economía boliviana. Por eso, cuando Bolivia enfrenta hoy una caída de su producción de gas, menores ingresos por exportaciones y dificultades para garantizar combustibles, mirar hacia atrás no significa vivir del pasado. Significa entender qué condiciones permitieron construir la industria que hoy necesita ser renovada.

Petrobras lleva tres décadas vinculada a Bolivia. Su trayectoria registra inversiones superiores a 1.800 millones de dólares realizadas directamente por la compañía y más de 3.600 millones considerando inversiones directas e indirectas asociadas al desarrollo de los activos operados.
La historia demuestra que los grandes proyectos hidrocarburíferos no se construyen en un año ni en una gestión de gobierno. Requieren décadas de exploración, infraestructura, mercados, capital y seguridad jurídica. El desafío para Bolivia, por tanto, no es solamente producir más gas. Es volver a construir las condiciones para que nuevas inversiones encuentren reservas, desarrollen campos y generen la infraestructura necesaria para transformar nuevamente los recursos naturales en energía, exportaciones, empleo y divisas.
La experiencia Petrobras muestra que, cuando reservas, inversión y mercado coinciden, el gas puede convertirse en una plataforma de integración regional y desarrollo nacional.
Bolivia toca las puertas de Petrobras con la mirada puesta en la exploración y el gas
El retorno de Petrobras, como lo gestiona el Gobierno de Rodrigo Paz, abre una nueva etapa para la relación energética entre Bolivia y Brasil y coloca nuevamente a la estatal brasileña como uno de los actores estratégicos para la recuperación del sector hidrocarburífero boliviano.
Más allá del reciente anuncio político, el desafío estará en convertir las mesas técnicas en proyectos concretos de inversión, particularmente en exploración y desarrollo de nuevos campos. Bolivia enfrenta una reducción sostenida de su producción y de sus reservas de gas natural, mientras Brasil mantiene una demanda relevante y una creciente necesidad de garantizar fuentes confiables de abastecimiento energético.
Petrobras conoce el territorio boliviano y tiene antecedentes importantes en el desarrollo de la industria nacional. Su presencia estuvo vinculada durante años a proyectos de exploración, producción y comercialización de hidrocarburos, además de su participación en operaciones que contribuyeron a convertir a Bolivia en un proveedor estratégico de gas para el mercado brasileño.

Autoridades del Gobierno de Rodrigo Paz, con Magda Chambriard, presidenta de Petrobras, buscan impulsar nuevas inversiones de la petrolera brasileña en el país
El nuevo escenario plantea, por tanto, una oportunidad para recuperar esa relación bajo nuevas condiciones. La prioridad ya no sería solamente sostener las exportaciones existentes, sino generar las condiciones para descubrir nuevas reservas, desarrollar campos y ampliar la capacidad productiva de Bolivia.
La participación de Petrobras también puede tener un efecto multiplicador. Una inversión de gran escala en exploración y producción puede movilizar empresas de servicios petroleros, generar empleo especializado, incorporar tecnología y conocimiento, además de aportar recursos fiscales y regalías a las regiones productoras.
Para Bolivia, el momento es particularmente relevante. La caída de la producción de gas ha reducido la capacidad exportadora y ha obligado al país a enfrentar mayores requerimientos de importación de combustibles y un escenario energético cada vez más complejo. Recuperar reservas se convierte así en una cuestión económica, fiscal y estratégica.
El desafío para el Gobierno será generar seguridad jurídica, reglas claras y condiciones competitivas que permitan que el interés expresado por Petrobras se traduzca en decisiones de inversión. La conformación de las mesas técnicas será el primer paso para determinar áreas, proyectos, condiciones contractuales, inversiones y cronogramas.
El acercamiento con Petrobras también puede convertirse en una señal para otros grandes operadores internacionales. Si Bolivia logra reconstruir confianza y demostrar que existen condiciones para invertir en exploración, el regreso de una compañía de la dimensión de Petrobras podría funcionar como una puerta de entrada para una nueva etapa de inversiones en el sector.
El verdadero significado del retorno de Petrobras, por tanto, no estará solamente en el anuncio de su regreso, sino en los barrenos que vuelvan a perforar el subsuelo boliviano, en los nuevos descubrimientos y, finalmente, en la capacidad del país para volver a producir el gas que durante años sostuvo sus exportaciones y una parte importante de sus ingresos.
Petrobras vuelve. Ahora comienza la etapa decisiva: convertir la voluntad política en inversión, exploración y nuevas reservas para Bolivia.
