El binomio presidencial conformado por Rodrigo Paz y Edman Lara se encuentra en el centro de las críticas por la fragilidad interna que exhibe antes de encarar la segunda vuelta electoral. Distintos actores políticos advierten que las contradicciones entre ambos candidatos y las promesas de tinte populista ponen en riesgo la gobernabilidad del país, anticipando un escenario de inestabilidad.
La polémica se encendió luego de que Lara cuestionara públicamente la influencia de operadores políticos y empresariales vinculados a Samuel Doria Medina y Marcelo Claure, insinuando incluso la posibilidad de retirar su apoyo a Paz. Nombró directamente a Gabriel Espinoza, asesor de Doria Medina, y a Dardo Gómez García, cercano a Claure, a quienes calificó de oportunistas.
El malestar se suma a las diferencias discursivas en el propio binomio. Mientras Paz había prometido elevar la Renta Dignidad de 350 a 2.000 bolivianos, Lara escaló la oferta con un anuncio más controversial: entregar una casa de dos pisos para cada boliviano, propuesta catalogada por analistas como inviable y demagógica.
Desde Santa Cruz, el secretario general del PDC, Alaín Rivero, pidió a Lara dejar de lado disputas personales y “apostar por la reconciliación y la integración nacional”. Sin embargo, voces opositoras consideran que la fractura es más profunda. El exvocero de Libre, Thomas Monasterio, calificó la fórmula como “una bomba de tiempo” y sostuvo que detrás operan pactos oscuros entre Evo Morales, Doria Medina y otros actores con intereses en recursos estratégicos como el litio.
La crítica también provino desde filas aliadas. El diputado electo Germain Caballero reconoció la tensión interna y advirtió que figuras cercanas a Doria Medina y Claure buscan controlar espacios de poder en una eventual transición. En la misma línea, el opositor Rolando Pacheco cuestionó la “inmadurez política” del binomio: “Ni entre ellos se entienden, y ya hablan de cuoteo ministerial antes de ganar la segunda vuelta”.
El MAS también aprovechó la coyuntura. El diputado Ramiro Venegas señaló que la participación de Doria Medina profundiza la crisis, alimentando promesas imposibles en un país golpeado por la falta de liquidez y el déficit fiscal. El exdiputado Amílcar Barral, por su parte, advirtió que la estrategia de Lara mina la credibilidad del proyecto de cambio: “No se puede ofrecer lo que el país no puede financiar. Bolivia necesita esperanza, no populismo barato”.
La controversia alcanzó mayor dimensión tras la reunión entre el presidente Luis Arce y Rodrigo Paz en Casa Grande del Pueblo, celebrada antes de la convocatoria formal a la segunda vuelta. El encuentro fue defendido por asesores de Doria Medina como un mecanismo para garantizar una transición ordenada, pero fue duramente criticado por el expresidente Jorge Tuto Quiroga, quien insistió en que las conversaciones con el Ejecutivo deben realizarse únicamente con el gobierno electo.
Un riesgo antes de la segunda vuelta
El telón de fondo revela que el binomio Paz–Lara, lejos de consolidarse como alternativa de gobernabilidad, abre dudas sobre su viabilidad. Promesas imposibles de cumplir, tensiones internas y la sombra de pactos empresariales y políticos erosionan la confianza en un proyecto que pretende encabezar la transición democrática.
En la práctica, el binomio no solo enfrenta a sus rivales en las urnas, sino a sí mismo. Y esa contradicción —según coinciden analistas y actores políticos— convierte a la fórmula Paz–Lara más en un foco de incertidumbre que en una garantía de estabilidad para Bolivia.