En la solemnidad de Pentecostés, el Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, Mons. René Leigue Cesari, reflexionó sobre el significado del Espíritu Santo como fuerza de unidad, esperanza y entendimiento entre los pueblos, en medio de la difícil situación social que atraviesa Bolivia. Durante su homilía, el prelado recordó que Pentecostés representa el nacimiento de la Iglesia y una invitación a dejar atrás el miedo y las divisiones humanas. En la celebración también estuvo presente Mons. Javier del Río Alba, a quien el pastor saludó y agradeció por su visita antes de su retorno a España. Inspirado en las lecturas de Hechos 2, 1-11 y del Evangelio de Juan 20, 19-23, Mons. Leigue remarcó que el Espíritu Santo permite que las personas se entiendan incluso en medio de las diferencias: “No hay cosa que impida que se pueda entender cuando viene el Espíritu Santo”, expresó.
La violencia destruye aquello que la paz de Cristo busca restaurar
Al profundizar en el sentido espiritual de Pentecostés, el Arzobispo señaló que la paz que ofrece Cristo es distinta a la lógica de violencia que muchas veces domina las relaciones humanas y políticas. Recordando las palabras de Jesús: “La paz sea con ustedes” (Jn 20,19), Mons. Leigue afirmó que el perdón y la reconciliación son condiciones indispensables para reconstruir la convivencia social. “La paz que ofrece Jesús es diferente. Para que haya paz tiene que haber perdón, tiene que haber reconciliación”, sostuvo el prelado, advirtiendo además que el odio y el deseo de hacer desaparecer al otro solo profundizan las heridas sociales. En ese contexto, invitó a acercarse incluso al enemigo no para humillarlo ni amenazarlo, sino para recuperar la fraternidad perdida.
Un país que comparte idioma, pero pierde la capacidad de comprenderse
En otro momento de su reflexión, el pastor manifestó su preocupación por el clima de confrontación que vive Bolivia, especialmente por las dificultades que atraviesa la población debido a los conflictos y bloqueos registrados en distintas regiones del país. “Aquí en Bolivia hablamos el mismo idioma, pero no nos entendemos” , lamentó Mons. Leigue, haciendo referencia a la falta de diálogo real entre los sectores enfrentados. El Arzobispo describió con preocupación el sufrimiento de las familias que padecen la escasez de alimentos y medicamentos, especialmente en La Paz, y cuestionó que intereses particulares terminen imponiéndose sobre las necesidades de la población más vulnerable. “Hay gente inocente que está sufriendo, que no tiene nada que ver en todo esto”, enfatizó.
La falta de sensibilidad social termina golpeando a las mismas familias del conflicto
Mons. Leigue pidió a quienes impulsan medidas de presión pensar también en sus propias familias y en el sufrimiento que la crisis genera dentro de los hogares bolivianos. El prelado insistió en que el Espíritu Santo debe iluminar la conciencia de las personas para recuperar la sensibilidad frente al dolor ajeno y evitar que la violencia siga agravando la situación del país. “Dejémonos iluminar por el Espíritu, para que Él sea quien nos llene de sensibilidad”, afirmó. Asimismo, insistió en que solo un diálogo sincero permitirá encontrar soluciones verdaderas y duraderas: “Siempre el diálogo es lo que debe prevalecer”, recordó el Arzobispo.
La esperanza colectiva también necesita responsabilidad política y humana
En su mensaje final, Mons. Leigue exhortó a la población a orar por quienes tienen en sus manos las decisiones del país y pidió que prevalezca la voluntad de construir acuerdos antes que profundizar las divisiones. “Creo que para todos los problemas hay salida”, afirmó el pastor, subrayando que la solución solo será posible si existe voluntad sincera de diálogo y compromiso con el bien común. Asimismo, animó a no perder la esperanza y a continuar trabajando desde los distintos espacios sociales y laborales para construir días mejores en Bolivia.
El verdadero entendimiento nace cuando el otro deja de ser enemigo
Finalmente, el Arzobispo invitó a dejar que el Espíritu Santo guíe las palabras y las decisiones humanas, especialmente en tiempos de tensión social y política. Recordando la enseñanza de san Pablo en 1 Corintios 12, 12-13 sobre la unidad en la diversidad, Mons. Leigue llamó a reconocerse mutuamente como hijos de Dios y a reconstruir relaciones basadas en el respeto. “Respetémonos entre nosotros. Solo así habrá vida en abundancia”, concluyó el prelado, reafirmando que el verdadero camino cristiano no puede separarse de la reconciliación, la escucha y la defensa de la vida.
(Redacción: Lic. Alejandro Cossio/ Fotografías: Lic. Jaime Aguirre Peña)