YPFB cambia la ecuación: Bolivia importará crudo para producir más gasolina, diésel y jet fuel en sus propias refinerías

Bolivia busca darle un giro a su política de abastecimiento de combustibles: importar petróleo crudo para procesarlo dentro del país, en lugar de comprar directamente una mayor cantidad de combustibles terminados.

La apuesta comenzó a tomar forma con la aplicación del Decreto Supremo 5701, que autoriza excepcionalmente la importación de crudo para su procesamiento y la comercialización directa de los derivados obtenidos en el mercado interno.

El objetivo es aprovechar una infraestructura que hoy opera muy por debajo de su capacidad.

La Refinería Guillermo Elder Bell de Palmasola, en Santa Cruz, tiene una capacidad de diseño de 24.000 barriles por día (BPD), pero entre enero y julio de 2026 procesó en promedio apenas 9.564 BPD. Es decir, trabajó alrededor del 40% de su capacidad de diseño.

La situación es similar en Cochabamba. La Refinería Gualberto Villarroel, diseñada para procesar 39.750 BPD, registró un promedio de 14.503 BPD durante el mismo periodo.

En conjunto, ambas refinerías tienen una capacidad de diseño de 63.750 BPD, pero procesaron solamente 24.067 BPD, equivalente a cerca del 38% de su capacidad instalada.

El cuello de botella está en el petróleo

El problema central no es solamente la capacidad de las plantas, sino la disponibilidad de materia prima nacional.

La caída de la producción de hidrocarburos redujo el volumen de petróleo y condensado disponible para alimentar las refinerías. El resultado fue una paradoja económica: Bolivia cuenta con plantas para producir combustibles, pero debe importar carburantes terminados porque no dispone de suficiente crudo nacional para utilizarlas a plena capacidad.

El Gobierno pretende romper esa ecuación mediante la importación de petróleo.

YPFB prevé comenzar con un lote cercano a un millón de barriles de crudo y aumentar inicialmente entre 5.000 y 7.000 BPD la carga de las refinerías. Posteriormente, las propias plantas podrán gestionar sus importaciones.

Más crudo, más combustibles producidos en Bolivia

Los escenarios técnicos presentados por YPFB muestran el potencial de la medida.

Con 10.000 barriles adicionales de crudo por día, la producción conjunta de gasolina, diésel y jet fuel podría pasar de 81.213 metros cúbicos mensuales a 120.972 m³, un aumento cercano al 49%.

Con 20.000 BPD adicionales, la producción podría alcanzar 161.993 m³ mensuales.

La estrategia apunta así a aumentar la producción interna de derivados y reducir la necesidad de adquirir combustibles terminados en el exterior.

El presidente ejecutivo de YPFB, Sebastián Daroca, cuestionó que las refinerías hayan sido subutilizadas durante los últimos años pese a contar con infraestructura y capacidad técnica.

> “Teniendo la capacidad técnica y operativa, se prefirió importar combustibles en vez de utilizar nuestras refinerías y generar valor agregado”, afirmó.

El Gobierno quiere recuperar toda la cadena

Durante su visita a Palmasola, el presidente Rodrigo Paz Pereira defendió la recuperación de la industria de refinación y sostuvo que YPFB debe volver a cumplir toda la cadena hidrocarburífera.

El ministro de Hidrocarburos y Energías, Marcelo Blanco, resumió la estrategia en cuatro pasos: explorar, extraer, refinar y abastecer.

La apuesta implica un cambio importante: mientras Bolivia busca recuperar su producción propia de hidrocarburos, las refinerías no quedarían esperando exclusivamente por el crudo nacional.

El crudo importado se convertiría en materia prima para producir gasolina, diésel y jet fuel dentro del país. Los derivados obtenidos podrán comercializarse directamente en el mercado interno a precios de mercado y sin subvención, según el Gobierno.

La gran pregunta económica

La medida abre una nueva discusión sobre el costo real de producir combustibles en Bolivia.

Importar crudo significa pagar por materia prima extranjera, transporte, seguros, procesamiento y otros costos. Pero el Gobierno apuesta a que procesarlo dentro del país permita generar valor agregado, utilizar infraestructura existente y reducir la dependencia de la importación de combustibles terminados.

La ecuación que ahora deberá demostrar YPFB es sencilla, pero decisiva:

¿Cuánto cuesta importar un barril de crudo, refinarlo en Bolivia y vender sus derivados, frente a cuánto cuesta importar directamente la gasolina, el diésel y el jet fuel?

La respuesta determinará si la recuperación de las refinerías se convierte solamente en una medida de emergencia o en una nueva estrategia estructural para el abastecimiento energético boliviano.

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Por ahora, Palmasola vuelve a ocupar un lugar central en esa apuesta: de los 9.564 barriles diarios que procesó en promedio durante los primeros siete meses de 2026, el desafío es recuperar progresivamente una capacidad que puede llegar hasta 24.000 BPD de diseño.

Bolivia intenta así dejar de importar solamente combustibles y comenzar a importar petróleo para convertirlo en combustibles dentro de su propio territorio.

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