Los abrazos de hoy pueden ser los pactos secretos de mañana

Por Guido Nayar Parada, ex líder cívico y exministro de Gobierno

Santa Cruz tiene una oportunidad cada septiembre para mirarse al espejo, revisar su historia y preguntarse qué quiere construir hacia adelante. Pero debemos reconocer algo: hace 26 años que los cruceños no hemos sido capaces de reinventarnos como lo hicimos en otros momentos de nuestra historia.

Y eso tiene una explicación. Durante demasiado tiempo hemos vivido bajo una cultura política marcada por los pactos secretos.

El pacto político es público. Se conoce, se discute y puede ser fiscalizado. El pacto secreto, en cambio, se hace a espaldas de la sociedad y responde muchas veces a intereses particulares.

Esa cultura nos ha hecho demasiado daño.

Se instaló la lógica de “yo te dejo que hagas, tú me dejas que haga, pero no me toques”. Y mientras los grupos se protegían entre ellos, Santa Cruz fue perdiendo la capacidad de construir una agenda propia de desarrollo.

No cuestiono que los hombres puedan reconciliarse. Todo lo contrario. Creo que debemos tener grandeza para superar nuestras diferencias.

Pero una cosa son los gestos humanos y otra son los principios.

No me interesa cuántos abrazos se den los dirigentes. Me interesa saber qué obtiene Santa Cruz después de esos abrazos.

¿Borrón y cuenta nueva?

Hoy vemos abrazos, reconocimientos, antiguos adversarios compartiendo escenarios y un discurso de unidad.

Está bien que exista diálogo.

Está bien que exista reconciliación.

Pero no podemos confundir reconciliación con olvido.

Santa Cruz no puede hacer un “borrón y cuenta nueva” cada vez que cambian las circunstancias políticas.

Hay una memoria que debe ser respetada y hay demandas que todavía esperan respuestas.

Durante años se habló de defender a Santa Cruz, de autonomía, de recursos, de seguridad jurídica, de tierra y de desarrollo. Sin embargo, cuando llegaron los momentos de tomar decisiones, muchas veces terminaron imponiéndose los intereses de grupos específicos.

Ese es el problema que debemos discutir.

No si determinado dirigente se abraza con otro.

La pregunta verdadera es: ¿ese acuerdo beneficia a los cuatro millones de habitantes de Santa Cruz o beneficia nuevamente a los mismos grupos de poder?

El peligro de volver a pactar

Yo puedo entender que un grupo económico busque dialogar con quien está en el poder para proteger sus intereses.

Lo que no puedo entender ni justificar es que esos intereses particulares terminen colocándose por encima de los intereses del departamento.

Eso ha ocurrido demasiadas veces.

Santa Cruz ha generado enormes recursos y ha tenido momentos históricos de enorme movilización social. Pero todavía tenemos problemas estructurales que llevan décadas sin solución.

Seguimos hablando de seguridad jurídica.

Seguimos hablando de avasallamientos.

Seguimos hablando de narcotráfico.

Seguimos hablando de inseguridad.

Seguimos hablando de combustible.

Seguimos hablando de políticas nacionales que afectan directamente al aparato productivo.

Entonces hay que preguntarse: ¿qué hemos conseguido después de tantos discursos, reuniones, pactos y fotografías?

Santa Cruz no puede ser propiedad de una rosca

Hay otra cultura que debemos abandonar: la cultura del “me toca”.

No importa quién está mejor preparado, quién tiene capacidad o quién puede hacer una mejor gestión.

Se instala la lógica de que ahora “me toca a mí”.

Después “te toca a vos”.

Y así se van rotando los cargos, las posiciones y los espacios de poder.

Mientras tanto, las nuevas generaciones quedan afuera.

Pero Santa Cruz no pertenece a una generación política ni a una rosca.

Santa Cruz son millones de personas.

Son productores que trabajan todos los días sin pertenecer a ninguna institución.

Son ganaderos que no necesariamente están afiliados a una federación.

Son empresarios, trabajadores, profesionales, jóvenes y emprendedores que también tienen derecho a decidir el futuro del departamento.

Por eso las instituciones cruceñas deben abrirse. No pueden seguir hablándose entre ellas, reconociéndose entre ellas y distinguiéndose entre ellas.

No necesitamos más fotografías

Yo cuestiono que se pretenda mostrar unidad solamente mediante abrazos, reconocimientos y fotografías.

La unidad verdadera se demuestra defendiendo una agenda común.

¿Dónde está la agenda de Santa Cruz?

¿Dónde está la propuesta para resolver la falta de diésel?

¿Dónde está la respuesta frente a los avasallamientos?

¿Dónde está la defensa de la seguridad jurídica?

¿Dónde está la estrategia contra el narcotráfico?

¿Dónde está la generación de empleo para nuestros jóvenes?

¿Dónde está la nueva visión de departamento que necesitamos?

Hace años que escuchamos las mismas demandas.

Y si después de tantos años seguimos reclamando lo mismo, tenemos que aceptar que algo estamos haciendo mal.

La pregunta que nadie quiere responder

Por eso, frente a los nuevos acercamientos políticos, yo no quiero quedarme en la fotografía.

Quiero mirar detrás de la fotografía. Quiero saber qué se está hablando. Quiero saber qué se está acordando. Quiero saber quiénes participan. Y, sobre todo, quiero saber qué gana Santa Cruz.

Porque si los dirigentes se reconcilian, pero los problemas de Santa Cruz continúan, entonces esa reconciliación sirve a los dirigentes, no al departamento.

Si se abrazan los políticos, pero continúa la inseguridad jurídica, no avanzamos.

Si se abrazan los adversarios, pero continúa el avasallamiento de tierras, no avanzamos.

Si se abrazan quienes tuvieron poder, pero los jóvenes siguen sin oportunidades, no avanzamos.

Si se pacta arriba mientras la sociedad sigue soportando los mismos problemas, entonces volvemos al pasado.

Santa Cruz no necesita nuevos pactos secretos. Necesita un nuevo pacto público con su gente.

Ese es el verdadero desafío.

Y por eso levanto la voz. Porque no estoy dispuesto a aceptar que, una vez más, los intereses de unos cuantos terminen estando por encima de los intereses de Santa Cruz.

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