En política, pocas cosas delatan tanto el impacto de una propuesta como su rápida adopción por los adversarios. En Santa Cruz, la narrativa electoral comenzó a reordenarse a partir de dos ejes planteados por Guido Nayar, candidato a gobernador por Primero Santa Cruz: el incremento de las regalías departamentales del 11% al 50% y la construcción de carreteras mediante concesiones respaldadas por una ley departamental. Más allá del debate técnico, la discusión ya no gira en torno a si se deben hacer obras, sino cómo y quién tiene la capacidad real de ejecutarlas.
Durante su reciente recorrido por los Valles cruceños —Samaipata y Vallegrande— Nayar planteó una postura que rompe con la lógica tradicional de la confrontación electoral. “No tengo problemas que nos copien, quiero que se hagan las obras para Santa Cruz”, afirmó, desplazando el eje del discurso desde la autoría política hacia la urgencia del desarrollo. No es una frase menor: es una manera de reivindicar la política como instrumento y no como fin.
La reacción de otros candidatos confirma que la propuesta tocó un nervio sensible. Otto Ritter y Luis Fernando Camacho coincidieron en los últimos días en la necesidad de recurrir a concesiones para construir carreteras, una alternativa que hasta hace poco no ocupaba un lugar central en sus discursos. A su vez, Juan Pablo Velasco, candidato respaldado por Jorge “Tuto” Quiroga y sectores empresariales, puso el foco en exigir al presidente Rodrigo Paz el cumplimiento del esquema 50-50 de redistribución de recursos entre el nivel central y las regiones.
Aquí aparece una diferencia clave que Nayar subraya: mientras algunos condicionan el desarrollo departamental a decisiones futuras del Gobierno central, él propone un plan que —según sostiene— puede generar recursos propios y ejecutarse desde el ámbito departamental. De hecho, fue uno de los primeros en advertir que el Ejecutivo nacional podría dilatar la aplicación de un nuevo sistema de redistribución, convirtiendo la promesa en una espera indefinida.

En Samaipata, el candidato fue más duro con sus competidores. “Ahora escucho a Camacho decir que va a concesionar carreteras, después de escucharnos. Hay otro que habla de trenes también luego de que lo propusimos y dicen que se debe apoyarlo porque es nuevo. ¿Pero por qué, si ese nuevo burro?”, expresó ante sus seguidores. Más allá del tono, el mensaje de fondo apunta a una crítica recurrente en la política regional: la improvisación y el ensayo permanente en cargos de alta responsabilidad.
En Vallegrande, el discurso recuperó un matiz más propositivo. Nayar insistió en que su experiencia y capacidad son hoy un valor político, porque —según remarcó— Santa Cruz no está para experimentos. “No importa que nos copien, quiero que haya mejor salud, educación y seguridad para ustedes”, afirmó durante la presentación de sus candidatos a asambleístas y de su plan de gobierno.
El trasfondo del planteamiento es claro: el desarrollo no depende únicamente de grandes discursos ni de promesas futuras, sino de decisiones concretas, marcos legales claros y capacidad de gestión. En ese sentido, la propuesta de concesiones no se presenta como una idea aislada, sino como parte de una visión más amplia de cómo financiar infraestructura, conectar producción y territorios, y aliviar la presión sobre los recursos públicos.

“El desarrollo y las obras no son un sueño, es algo por lo que tenemos que luchar”, concluyó Nayar, convocando a sumarse a un proyecto que, en sus palabras, es “todo por Santa Cruz”. En una campaña donde las consignas abundan, el verdadero desafío será comprobar si las ideas que hoy se repiten logran traducirse mañana en carreteras, servicios y oportunidades reales para la población.