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Santa Cruz de la Sierra

LA INFAMIA EN LA POLÍTICA

Por Jorge Landívar Roca

La ley electoral establece que la fórmula de una candidatura para la elección del presidente de la República debe contar como complemento un acompañante o alter ego. A esta experiencia debo hoy referirme, presentando algunas consideraciones y sobretodo experiencias vividas que, a partir de la circunstancia que hoy vivimos, deberíamos tomar en cuenta, a tiempo de conformar una nueva postulación.

La selección de quien será el acompañante del aspirante presidencial, merece que se le dedique una debida atención y se cuente con el imprescindible sondeo psicológico, antes de decidir la opción. Esta selección debe ser considerada en el contexto de una astucia previsora y del debido sentido común, “que es el menos común de los sentidos”, ya que, por lo general ocurre, que por la simple y sencilla impresión, se llega a optar por un tecnócrata o un colaborador eficiente pero mal informado, entonces, será muy tarde para redimir la equivocación

También, se debe tener en cuenta que para someterse a un plebiscito electoral, el binomio, debe observar esencialmente dos aspectos: primero, el acompañante a la jefatura de gobierno, debe contar con probada “lealtad”; que no sea un cretino que incentivado por la angurria y la oportunidad de trepar sea capaz de serruchar el piso al titular y segundo, se debe tener considerar que el acompañante del candidato a presidente, debe contar con una valoración de imagen, de modo que, ante el pueblo el sucesor sea una especie de alterno que goza de capacidad para cumplir el rol de relevo, ante una posible eventualidad.

Si, por haber asumido una mala decisión, eligió como acompañante un cretino y ese delicado estado patológico viene acompañado por una personalidad autócrata; quien en estas condiciones obtenga el triunfo electoral, tenga por seguro que el mandato conseguido como cabeza de fórmula será efímero o controversial.

Esta materia no admite equívocos. Si, quien en la papeleta acompaña al presidenciable, es capaz de jurarle lealtad y aparecer luego como abanderado de un proceso de oposición, a más de ello con pretensiones de derrocarlo, “es un infame”. En nuestro país, lo sabemos por demás, que la lealtad en la disputa por el “poder”, no es moneda de curso legal, muchos ejemplos tenemos en nuestra vida democrática y republicana.

Al inicio, el candidato vicepresidencial, deja traslucir una clara separación de criterios y posiciones, aunque en los hechos aparenta estar junto al presidente y constituir una conducción, muchas veces sólo se trata de una encubierta estrategia; a la postre, si se ha llegado a cometer una torpeza o desacierto durante la campaña, estas supuestas diferencias serán utilizadas como justificativo para culpar a la cabeza de no haber consultado al acompañante.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que se debe conformar un binomio de compatibilidad de criterios y equilibrio político; desde ya, la edad del acompañante puede otorgar experiencia, aunque muchas veces también puede resultar un agazapado extremista. Pero ocurre también, que puede presentarse como un joven innovador y lleno de vitalidad, y viceversa, es decir si es que éste encabeza la fórmula. Normalmente se trata de integrar regiones, si uno es de occidente, el otro será del sector oriental, aunque no necesariamente.

De igual modo si el perfil de un candidato es de una persona respetable y mesurada; culto y bien formado, al que le sería muy difícil salir de este molde adquirido; entonces parecerá conveniente el alejarse de éste y buscando como acompañante a su contraste y permitirle hablar con la imprudencia que le produzca su rusticidad. Se trata de sostener diferentes y ricos matices, pues sin dudar, ello satisface a la masa, algo así como lo malo y lo bueno, aplicando la teoría de los polos opuestos.

Todo ello para alimentar los elementales niveles de comprensión y los profundos, arcaicos y arraigados esquemas de nuestra sociedad, donde la practicidad y la simplificación de datos y de las causas, han superado las doctrinas políticas y las intenciones. La sociedad está cansada y hastiada de polémicas y controvertibles debates, sintiendo repugnancia, desinterés y cansancio extremo.

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