Por: Jerjes Justiniano, abogado y opinador
Muchos otros opinadores, siguiendo el predicamento de Fukiyama que predicó el “fin de la historia” y la “muerte” de las ideologías, afirman que ya no existe izquierda o derecha, ignorando por cierto que la pobreza avanza en el mundo y crece en nuestra América cada día más.
El triunfo del capitalismo sobre el socialismo fue declarado ganador por los más esclarecidos ideólogos del capitalismo. Los primeros capitalistas fueron, sin ninguna duda, los comerciantes que transportaban de un continente a otro, las sedas y los productos exóticos de Asía y del Medio Oriente. Fueron esos comerciantes con plata, la nueva “burguesía” en Francia los que patrocinaron las ideas de los revolucionarios que alimentaron ideológicamente y condujeron al pueblo pobre de Francia contra la nobleza parisina en la histórica Revolución Francesa.
Algunos estudiosos de la política la han denominado también como la “revolución burguesa”. Esa revolución que conservó el “Parlamento Francés” y que dividía, por el agrupamiento voluntario de sus miembros, en un sector de revolucionarios que pedían acciones más violentas y radicales y que ocupaban los asientos ubicados a la izquierda del presidente de la Asamblea.
A la derecha tomaban ubicación los “revolucionarios” más conservadores o menos radicales que aún eran influenciados por la nobleza que tenía representantes. Fue el presidente de la Asamblea que al escuchar la opinión de algunos miembros sentados a su derecha, preguntaba “y que piensan los de mi izquierda”?. De esta manera se estableció el genérico de “izquierda” para distinguir a los revolucionarios que querían avanzar más rápido en la lucha por la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. A la derecha se quedaron los conservadores y defensores del estatus reinante.
De la Revolución Francesa nació el Estado Moderno, con parlamento dividido que exportó a nuestra América, la doble cámara, la de diputados y senadores a la usanza inglesa entre nobles y comunes. También de los franceses hemos heredado el Estado regido por una Constitución y por las leyes, con derechos y obligaciones y con libertades individuales. El desarrollo social impuso en sangrientas luchas los “derechos colectivos”.
La revolución norteamericana y la guerra civil entre norte y sur nos legaron conquistas sociales y la plenitud del derecho individual. La revolución rusa los derechos sociales del proletariado y la gran marcha de Mao en la China Continental las conquistas campesinas – obreras. La historia de la humanidad es la constante lucha del hombre que quiere cambios frente a quienes se oponen. Las transformaciones de la humanidad mediante la revolución fueron regadas con sangre proletaria, campesina y generalmente del pueblo pobre.
Sostener que no existe más la izquierda o la derecha, es pecar de ingenuo cuando no de cómplice de quienes quieren un “cambio para que nada cambie” y mantener el régimen de explotación existente. Es negar que no hay pobreza. Es negar que no hay desigualdad. Es negar que no hay racismo.
Mientras las desigualdades, la exclusión y el odio racial tengan cabida en la sociedad habrá siempre luchadores sociales llamados de izquierda.
La actual crisis del capitalismo ha originado “el fin de la historia” contada por el japonés. Las anteriores crisis el capitalismo las “solucionaba” desatando guerras mundiales, intercontinentales o regionales entre naciones, incluso hasta aquellas del mismo origen. Hoy la crisis del capitalismo nos sacude con otra guerra mundial llamada pandemia y apodada COVID 19.
En medio de esta crisis agravada por otra gran crisis política y económica vamos a asistir el 18 próximo a votar. ¿Y nosotros los izquierdistas por quien vamos a votar? Tremendo dilema, pues no tenemos por quien votar. El MAS que, para un sector considerable de la ciudadanía, es un partido izquierdista o comunista (como si fueran lo mismo), es un movimiento social indigenista, reivindicativo y de corte popular. Belzu fue indigenista y Barrientos lo fue de corte popular por propia definición, ambos apoyados por indígenas y campesinos.
Estamos en Bolivia ante un ciclo histórico de profunda transición. La burguesía minera y financiera dirigida por los paceños, que utilizaron la “revolución federal” para ensangrentar Bolivia, que amenazó y “chantajeo” al resto de la bolivianidad amenazando con anexarse al Perú, con la evidencia que el ejército chileno estaba en la frontera boliviana, le arrebató a la debilitada clase gobernante chuquisaqueña, la sede del gobierno. Establecido el Poder Ejecutivo y Legislativo en la ciudad de La Paz concluyó de manera sangrienta la “revolución Federal” y las ansias de los paceños de ser peruanos. Volvió la paz a Bolivia y los peruanófilos volvieron a entonar el himno nacional de Bolivia. Nadie fue juzgado ni procesado por ello.
Ahora surge en Santa Cruz, un caudillo, no letrado pero con coraje, con ayuda o no del imperio norteamericano, pero con un carisma típicamente camba y con una sonrisa que irradia simpatía y con un apoyo emotivo de la mayoría del pueblo cruceño, especialmente de jóvenes, que se identifican con él y con los 21 días de lucha que origina muchos fenómenos sociales y políticos. Produce a costa del desengaño de muchos, la renuncia de Evo y hace fracasar por un acto de audacia y valentía el plan de alguno de los ideólogos de Evo que hicieron “renunciar” a los presidentes de ambas Cámaras y con ello, abrir la posibilidad de un “vacío” de poder, no sabemos con qué intención, pero que fue “hábilmente” aprovechado por algún pensante inteligente, alrededor de Camacho, para hacer “aparecer” la posibilidad de entregar la Presidencia del Estado a la 2da. Vicepresidente de la Cámara de Senadores.
De esa forma, un joven y aguerrido empresario, hijo de un viejo militante de la Falange Socialista Boliviana y miembro de la burguesía agropecuaria cruceña, insurge en el escenario político para desplazar a la vieja oligarquía agro-industrial cruceña.

Luis Fernando Camacho es parte de la nueva burguesía cruceña. Es la emergente clase dominante que busca su espacio político y que pretende ser protagonista del futuro de Bolivia. Quiere gobernar con su improntus y su osadía. Ha desplazado a los viejos líderes que las dos logias cruceñas apuntalaron.
El gobernador Rubén Costas ha sido barrido del escenario político. Su partido recibió de la Sra. Janine Añez su carta mortuoria. Percy Fernández Áñez que agobiado por su prolongada enfermedad, ha perdido todo protagonismo será recordado como un singular personaje de nuestra historia. Ambos líderes han sido sustituidos por el tsunami político denominado Luis Fernando Camacho.
Pese a su error de haberse apresurado a presentar su candidatura a la Presidencia, los mayores errores de la Sra. Janine Áñez le dan la oportunidad de re enderezar su derrotero. Es un hombre de derecha que por primera vez, defiende el derecho de la timorata y vieja burguesía agroindustrial de “tomar el poder en Bolivia”. Este papel nunca lo quiso jugar la burguesía cruceña que prefería el papel de “segundona” en política.
Camacho, a diferencia de su padre, pertenece a la moderna clase dominante cruceña que es empresarial, bancaria, intermediaria, “lavadora” del narcotráfico, comerciante y cuenta-propietista. Son los nuevos ricos propietarios de agencias de seguros, dueños de supermercados, de súper salas de cine, de conglomerados inmobiliarios, de bancos y empresas constructoras, etc., etc. En general, es la clase emergente que superó y aplanó a las logias y a los tradicionales centros de poder y dominio cruceños.
Camacho es el peor peligro para la burguesía “federalista” paceña que hace lo indecible por volver simpático a su candidato Carlos Mesa. La emergente burguesía cruceña que se cansó de ser “segundona” , de ser únicamente el tractor o la locomotora del desarrollo económico, quiere ser la conductora del tren nacional. Es una lucha capitalista por los intereses del Estado. Jamás será una lucha revolucionaria.
Quiero pensar que estamos frente a una lucha de interés capitalista. La naciente clase empresarial cruceña quiere disputarle el poder a la vieja burguesía “federal” minero-feudal-financiera de la Bolivia Andina asentada en la ciudad de La Paz. Esa lucha tendrá este próximo 18. Las conclusiones y los resultados serán a muy largo plazo. Camacho no tiene los huevos que tuvieron los “federales” paceños para amenazar a los “constitucionalistas” chuquisaqueños con partir Bolivia y anexarse al Perú si no ganan la “batalla”.
Camacho es la emergencia capitalista, es la “nueva clase” económica que pretende arrebatarle a la burguesía paceña el poder político. Finalmente “alguien” los hará conciliar, por ahora, el escenario electoral es ese.
Los demás candidatos son rellenos de la derecha empresarial. Jorge “Tuto” Quiroga representa al Banco Mercantil fundado por Patiño y comprador del banco “orgullo” de la vieja oligarquía cruceña, el famoso banco Santa Cruz. Los demás, no cuentan ni corren. Están ahì para figurar en la papeleta.
Los hombres y mujeres que por compromiso ideológico somos partidarios de la justicia social y que luchamos por élla: NO TENEMOS POR QUIEN VOTAR.