La crisis de abastecimiento de combustibles no solo puso en evidencia problemas de disponibilidad. También dejó al descubierto vulnerabilidades en los sistemas de asignación, comercialización y seguimiento de los carburantes.
La respuesta que ahora implementa YPFB apunta a cambiar la lógica de operación: pasar de un sistema fragmentado, con accesos excesivos y poca capacidad de seguimiento, a una plataforma integrada que permita conocer qué combustible se asigna, a quién, desde dónde sale, quién lo transporta y dónde debe ser entregado.
Así lo explicó Sebastián Daroca Oller, quien informó que fueron detectados cerca de 630 accesos remotos y 60 accesos locales a los sistemas de la estatal petrolera. Los accesos remotos permitían ingresar a los sistemas desde computadoras ubicadas en distintos puntos del país.
La primera medida fue cerrar esos accesos y limitar el ingreso exclusivamente al personal que necesita operar los sistemas. Paralelamente, se inició una auditoría forense para determinar quiénes utilizaron esos accesos, qué operaciones realizaron y si existieron manipulaciones de las asignaciones.
Del manejo discrecional a criterios objetivos
Uno de los cambios más relevantes está en la forma de asignar gasolina y diésel.
La revisión de las series históricas desde 2025 habría permitido identificar asignaciones manuales que, según la explicación de Daroca, no respondían necesariamente a criterios objetivos.
El nuevo modelo pretende que la distribución se realice mediante fórmulas y parámetros verificables, tomando en cuenta variables como la capacidad de cada estación, sus puntos de distribución y la ubicación y demanda del mercado.
Esto puede representar un cambio importante: la cantidad de combustible asignada dejaría de depender exclusivamente de decisiones manuales para responder a parámetros que puedan ser auditados y explicados.
Se eliminan los “cupos fantasmas”
Otro problema identificado fue la asignación de combustible que todavía no había llegado físicamente a las plantas.
Es decir, se generaban reservas o cupos sobre volúmenes que aún no estaban disponibles. Esto provocaba que determinadas empresas o estaciones acumularan asignaciones y que esos saldos terminaran distorsionando la distribución diaria.
La nueva regla es más sencilla: se asigna sobre el volumen real disponible en planta.
El beneficio esperado es que los cupos rezagados no bloqueen nuevas asignaciones y que el combustible pueda dirigirse con mayor precisión hacia los puntos donde existe una necesidad efectiva.

El salto más importante: saber dónde está cada cisterna
La creación del Centro de Monitoreo y Control representa probablemente el componente más importante de esta reestructuración.
Según Daroca, el sistema permite integrar información de los distritos comerciales y realizar seguimiento de cada operación.
La estatal podrá identificar la cisterna, la placa, el conductor, la asignación y el punto de entrega, generando una cadena de trazabilidad que antes no estaba disponible de manera inmediata.
El cambio es sustancial: ante el reclamo de que una estación o municipio no recibió combustible, ya no debería ser necesario iniciar una cadena de llamadas y verificaciones manuales. El sistema debería permitir conocer dónde estaba la cisterna, cuál era su destino y si cumplió con la entrega programada.
El beneficio también alcanza al control social
El nuevo mecanismo abre además una posibilidad política e institucional: incorporar al control social como parte del sistema de vigilancia del combustible.
YPFB informó que trabaja con municipios, comités cívicos y organizaciones de productores que quieren participar en el seguimiento de las entregas.
Con información en línea, esas organizaciones podrían conocer qué cisternas están programadas para llegar a determinados puntos y verificar físicamente su llegada.
Esto transforma el control social: deja de depender solamente de denuncias posteriores y puede convertirse en un mecanismo de prevención y vigilancia en tiempo real.
Del sistema “ciego” a un sistema con información
La frase utilizada por Daroca resume el alcance de la transformación: YPFB busca pasar de un sistema en el que “estábamos ciegos y no podíamos ver” a uno integrado, con información disponible en línea y trazabilidad de las asignaciones.
El verdadero resultado, sin embargo, deberá medirse en los surtidores.
Porque para el ciudadano común, la tecnología solo tendrá valor si termina produciendo menos filas, mayor regularidad en el abastecimiento y combustible disponible cuando realmente se lo necesita.
El desafío ahora es que el nuevo sistema funcione de manera permanente, que los controles no sean solamente una respuesta a la crisis y que la información generada pueda utilizarse para detectar irregularidades antes de que se conviertan nuevamente en un problema de abastecimiento.

El siguiente paso
YPFB prevé integrar el Centro de Monitoreo con los sistemas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para incorporar información sobre los niveles de combustible de las estaciones de servicio.
También comenzó el despliegue de cuadrillas técnicas que realizarán controles en campo. El primer equipo fue enviado a Montero y se prevé ampliar este trabajo a otros municipios y departamentos.
La apuesta es clara: más información, menos discrecionalidad; más trazabilidad, menos zonas oscuras; y mayor control para que cada litro de combustible llegue al lugar para el que fue asignado.
El éxito de esta reforma no se medirá por la cantidad de pantallas instaladas en un centro de monitoreo, sino por algo mucho más sencillo: que el usuario llegue a un surtidor y encuentre combustible.