En una tierra que hizo de la libertad su bandera —desde el 24 de septiembre de 1810 hasta el 14 de febrero de 1825— la construcción de identidad no ha sido solo un proceso político, sino también intelectual. A 201 años de la gesta libertaria cruceña, la publicación y difusión de las obras completas de Gabriel René Moreno representa un acto de reafirmación cultural que trasciende el homenaje simbólico para convertirse en política de memoria.
El anuncio realizado en el Museo de Historia de la universidad pública cruceña marca la culminación de un esfuerzo editorial sin precedentes: siete tomos impresos y diez libros digitales que reúnen, por primera vez en Bolivia de manera integral, la producción del considerado “Príncipe de las Letras Bolivianas” y padre de la historiografía nacional. Se trata de un hecho histórico en el marco del Bicentenario de la independencia cruceña y de la fundación de la República.
Moreno (1836-1908) no solo fue un erudito formado entre Sucre y Chile; fue un meticuloso investigador de archivos coloniales, pionero en la organización bibliográfica y referente en la construcción metodológica de la historia boliviana. Su rigor documental sentó bases para comprender el periodo colonial y republicano desde una perspectiva crítica y científica. Recuperar su obra completa significa restituir una herramienta de interpretación del pasado en tiempos donde la identidad regional y nacional se debate en múltiples escenarios.
La iniciativa impulsada por la Cooperativa Rural de Electrificación (CRE), bajo la presidencia de José Alejandro Durán, revela una visión que entiende el desarrollo más allá de la infraestructura. La energía eléctrica —base del crecimiento productivo y de la expansión urbana de Santa Cruz— se complementa con la energía del pensamiento, aquella que ilumina procesos históricos y fortalece ciudadanía.
No es un hecho aislado. Desde el año 2000, la cooperativa ha respaldado publicaciones clave para la comprensión del oriente boliviano: investigaciones sobre las provincias cruceñas, reediciones de obras fundamentales del pensamiento regional y estudios académicos que explican el modelo cooperativo adoptado en la década de 1960 como respuesta a la carencia de servicios básicos. Esta continuidad evidencia una política cultural sostenida en el tiempo.
El momento adquiere mayor relevancia cuando coincide con la expansión del servicio eléctrico hacia la provincia Ángel Sandoval, completando la cobertura en las quince provincias cruceñas. La integración territorial y la integración cultural aparecen así como dos caras de un mismo proyecto: cerrar brechas materiales y, al mismo tiempo, evitar vacíos históricos.
Santa Cruz pasó, en pocas décadas, de periferia olvidada a motor agroindustrial del país. Ese tránsito no puede explicarse únicamente por variables económicas; requiere comprender liderazgos, decisiones colectivas y procesos sociales que historiadores como Moreno ayudaron a documentar. La lectura crítica de esos episodios es indispensable para planificar el futuro con base en evidencia y no en improvisación.

Publicar, preservar y difundir conocimiento es también un acto de responsabilidad social. En una era dominada por la inmediatez digital, rescatar textos fundacionales permite a jóvenes y adultos acceder a fuentes primarias, fortalecer el debate académico y consolidar una identidad que no dependa solo de relatos orales o coyunturales.
Al dar nueva vida editorial a la obra de Gabriel René Moreno, se reafirma que el desarrollo integral de un pueblo requiere infraestructura, sí, pero también pensamiento, archivo y memoria. Alumbrar calles y hogares es esencial; alumbrar la historia es imprescindible.